Hoy te quiero contar una historia la cual te hará pensar, reflexionar; y quizás tomar la mejor decisión de tu vida.
Un día un hombre, el cual tenia como oficio ser evangelista (llevar las buenas nuevas) bajó a una mina de carbón, durante la hora del almuerzo que tenían los trabajadores, con el ÚNICO propósito de anunciarles lo que Jesús había hecho por ellos hace ya mucho tiempo y aún sin ellos conocerle.


Hace unos años, a un hombre en sus sesentas le fue ofrecido $200,000 dólares americanos por su motel, restaurante y gasolinera que había construido a través de toda su vida.

Un joven campesino se hallaba un día en el portal de su magnífica casa contemplando el panorama de sus terrenos extensos. Había viajado en varios países y había visto muchos paisajes pintorescos y maravillosos, pero aquel día lindo de verano, pensaba que nunca había recreado los ojos en vistas tan hermosos como las de su propia heredad.
Dos de mis hermanas y un grupo de personas se trasladaron a Majaguaña, un lugar de la selva amazónica venezolana, para tener una corta experiencia misionera entre los indígenas de la zona. Lo que nunca imaginaron fue que un paradigma actual que domina muchas vidas, no formaba parte de aquella etnia.


