Mi hijo de tres años quería poner la mesa para las visitas. Con buena voluntad agarró una cuchara de porcelana china. –¡Ten cuidado, es muy frágil!, apenas tuve tiempo de decirle. Pero el niño tropezó, la cuchara escapó de su mano y se rompió en mil pedazos.
Él se puso a llorar inconsolablemente: ¡deseaba tanto obrar bien! En lugar de reprocharle su falta de atención, fui a buscar el tazón de porcelana que hacía juego con la cuchara: –Toma, le dije, secándole las lágrimas, ten mucho cuidado y llévalo a la mesa.


En la porción de hoy se nos invita a reflexionar en dos posibles desenlaces en la historia de un mismo pueblo: la derrota o la victoria. La diferencia entre una y otra no está en la falta de un líder que guíe al pueblo, sino en la falta de consejeros. La existencia de consejeros presupone una apertura por parte de aquellos que están en autoridad a escuchar aquellas opiniones que pueden enriquecer la perspectiva que uno tiene de las cosas.
1816 ~ Su familia fue forzada a salir de su hogar, a la edad de 7 años tuvo que empezar a trabajar para ayudar con los gastos.
Se cuenta la historia de gemelos idénticos: uno lleno de optimismo que a menudo solía decir: ¡Todo está saliendo muy bien! y el otro, un pesimista triste y sin esperanza que de continuo esperaba que sucediera lo peor.
Una joven había tomado clases de ballet durante toda su infancia, y había llegado el momento en que se sentía lista para entregarse a la disciplina que la ayudaría a convertir su afición en profesión.
Hubo una vez un hombre que pensaba en como sacar un clavo de una tabla gruesa de madera, pues no tenía tenazas, solo un mazo y unos clavos. Pasó mucho rato tratando de pensar la manera de sacarlo y cuando iba a desistir se le ocurrió una idea.


