La esperanza es una palabra que pertenece al vocabulario de todo creyente. La esperanza del cristiano no es un deseo angustiante por una vida despreocupada, sino algo que está activo y que no se ve amenazado incluso en lo peor de las pruebas de la vida. El apóstol Pedro sabía algo acerca de esta clase de esperanza.
Había vivido tanto con la esperanza del tipo angustiante como la del tipo que había sido probada por fuego.


Algunas de las más grandes bendiciones que recibimos durante nuestra vida cristiana resultan de las buenas relaciones que tenemos con nuestros hermanos en Cristo.
(Jesús dijo): Aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató,¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. Lucas 13:4-5.
2 Crónicas 20: 15 “y dijo: Oíd, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalén, y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios”.
Miqueas 7: 18, 19 “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados”
En el transcurrir del tiempo, hay días que nos parecen más difíciles y complicados que otros, en ocasiones vivimos problemas que parecieran no tener solución.
Quizás usted alguna vez escuchó esta frase de alguien, de hecho muchos predicadores o conferencistas, parece un poco trillada para algunos, o quizás usted es de las personas que dice o pudo haber dicho: “Tengo 40 años; me imaginaba que al llegar a esta edad mi vida iba a ser distinta, que habría logrado un montón de cosas y ahora me doy cuenta y no logré nada”.
José García, anciano granjero, comenzó la faena agrícola del día. A los ochenta y seis años de edad todavía trabajaba la tierra casi como en sus años mozos. Puso en marcha el tractor y empezó a trazar surcos.
Benjamín, un creyente que vivía en Sudáfrica, no cesaba de decir: –No debemos odiar a nadie, porque Jesús nos ama a todos. Entonces recibía esta respuesta: –Tú que eres negro, ¿quieres que amemos también a los blancos?
¿Tiene usted miedo al éxito o al fracaso? ¿Se ha preguntado alguna vez por qué no logra lo que se propone?, De seguro se lo ha preguntado y lo mas seguro es que no vuelva a intentarlo.
La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego. Proverbios 15.1 (NVI)







