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El Tesoro escondido

Don Julio Gómez Arbizú hacía un viaje a caballo por el campo. Al ocultarse el sol, pidió posada en una casa que estaba a la vera del camino. La casa tenía aspecto de pobreza. No había muebles, y la alimentación era escasa. Todo daba la impresión de suma indigencia.

La señora de la casa era joven, y sin embargo en su rostro se veían las huellas de una vida llena de sinsabores. No era de extrañarse. Su esposo era un borracho empedernido que la maltrataba una y otra vez.

Inmovilizado por un pegamento

¿El lugar? Belo Horizonte, Brasil. ¿El protagonista? Jaime Da Silva, un drogadicto empedernido. ¿La ocasión? Un día sábado, a las dos de la tarde. ¿La diligencia? Perpetrar un robo.

La fábrica estaba sola y sin vigilancia. Dentro de la fábrica había mucha mercadería, incluyendo un pegamento de olor intenso y alucinante. Era un pegamento de petróleo, codiciado por jóvenes drogadictos.

Veinte mil intoxicados

El día amaneció como siempre en el pueblo de Changzhi, en la república de China. Aunque el sol de la mañana estaba cubierto de nubes, se sentía su calor, y su iluminación cubría los campos, las montañas y las casas. Era un día más, gris y común, día de trabajo para los veinte mil habitantes de Changzhi.

La gente, como de costumbre, se levantó temprano y abrió las llaves del agua: unos para el baño de la mañana, otros para beber, otros para preparar el arroz. Era agua clara y limpia que, también como siempre, fluía por las cañerías de la ciudad y salía de las llaves abiertas. Pero ese día algo no andaba bien. El agua venía emponzoñada.

La generosidad y la gratitud

Nació y se crió en la pobreza. Sus padres eran trabajadores esforzados, y le inculcaron virtudes como gratitud, respeto, cortesía y honor. También le legaron conceptos de vida como generosidad e integridad, y esmero en el estudio y en el trabajo. Vivió todos sus días en su país natal de Suecia, y murió a los ochenta y cinco años de edad.

¿Quién era esta persona? Era Holger Nisson, que a una temprana edad puso en práctica los valores heredados de sus padres.

Salón de vívoras

Ocurrió en el club nocturno llamado «Salón de víboras» en la calle Sunset, es decir, «Puesta de sol», de Hollywood, California. Era una de esas fiestas donde abundan el alcohol, el tabaco, la música rock y bellas muchachas.

Al ritmo de la música y en medio de bamboleos y contorsiones, las muchachas se iban quitando poco a poco la ropa. Entre los asistentes a la fiesta se hallaba River Phoenix, un promisorio joven actor de cine.

De pronto, como herido por un rayo, River cayó al suelo en convulsiones incontrolables.

El último paseo

Parecía un paseo por la playa como tantos otros. Las olas del Océano Pacífico venían a romper, cansadas de tanto vaivén, en las costas de Santa Mónica, California. El rojizo sol del otoño se ocultaba en el horizonte, allá por donde se esconde el Japón.

Fumiko Kimura, japonesa de treinta y dos años de edad, se detuvo en la playa. Tenía en sus brazos a la pequeña Yuri, de seis meses de edad, y a su lado, tomado de la mano, a su hijito Kusutaka, de cuatro años.

Cuando las cartas fallan

Se llamaban Elio Trevisioli y Alessandro Lovisetto. Los dos eran de Venecia, Italia. Elio, de cuarenta y cinco años de edad, y Alessandro, de treinta, estuvieron consultando, durante una semana entera, a la misma adivina, una mujer especialista en cartas Tarot.

Y cada día las cartas revelaban cosas positivas. Pero al llegar el viernes, el «Signo de la muerte» apareció en las cartas.

Elio y Alessandro se miraron confundidos, y la adivina les dijo: «La carta de la muerte puede ser mala o puede ser buena. De todos modos, indica algún cambio grande.» Los hombres le pagaron a la mujer y se fueron.

Un solo ser

Él se llamaba Guillermo Durant; ella, Maggie da Silva. Como novios que eran, pasaron al altar. El ministro les hizo repetir los votos nupciales y luego pronunció las clásicas palabras bíblicas: «Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser» (Génesis 2:24). Acto seguido, los declaró esposo y esposa.

Guillermo no tenía trabajo, y pasaba el tiempo jugando póker. Maggie tenía título de maestra, pero tampoco tenía un empleo. No tenían auto, ni casa, ni muebles ni bienes. Durante doce años vivieron juntos, pero no unidos.

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