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	<title>AlientoDiario.com&#124; Devocionales Cristianos. &#187; Conciencia</title>
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	<description>Un devocional cada dia</description>
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		<title>De secretaria a millonaria</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Nov 2009 13:25:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mensaje a la Conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Conciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[La joven secretaria terminó su día de trabajo. Se frotó los ojos, cansada de escribir todo el día. Cerró su máquina de escribir y ordenó sus papeles. Eran las cinco en punto de la tarde. Se levantó de su silla, recogió sus pertenencias personales y se dirigió hacia la calle. Era sólo una más de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://conciencia.net/images/Paul.jpg" alt="" width="100" height="100" align="right" />La joven secretaria terminó su día de trabajo. Se frotó los ojos, cansada de escribir todo el día. Cerró su máquina de escribir y ordenó sus papeles. Eran las cinco en punto de la tarde.</p>
<p>Se levantó de su silla, recogió sus pertenencias personales y se dirigió hacia la calle. Era sólo una más de las miles de secretarias comerciales que se ganaban la vida en Caracas, Venezuela.</p>
<p><span id="more-103"></span></p>
<p>Pero al día siguiente, Olimpia Peña, secretaria de veintisiete años de edad, que trabajaba para la compañía Volkswagen de Venezuela, era una mujer muy diferente.</p>
<p>Ahora era dueña de noventa y tres millones de dólares. ¿Qué milagro se había producido? Uno muy sencillo. Había leído el testamento que dejó su jefe Guido Steinvorth, presidente de la compañía, quien le daba en herencia esa fabulosa suma de dinero.</p>
<p>¡Qué sorpresa más agradable es recibir una buena herencia! Sobre todo cuando esa herencia es del porte de noventa y tres millones de moneda fuerte, totalmente inesperada. En casos así uno cree estar soñando, viviendo una fantasía de telenovela o un cuento de hadas.</p>
<p>¿Qué permitió que Olimpia Peña pasara instantáneamente de ser una secretaria excelente con un buen salario, a ser una de las mujeres más ricas del país? Sencillamente, un capital suficiente para pagar tal herencia; la defunción de un benefactor, y un testamento legal, debidamente firmado. Más el nombre del heredero, por supuesto, y la firma del testamentario.</p>
<p>Con todos esos elementos en regla, ningún tribunal puede negarle la herencia al heredero. Olimpia era dueña absoluta de todos esos millones. Pagados los impuestos necesarios y la comisión al abogado, todo lo demás sería suyo, perfectamente suyo, hasta el día de su muerte.</p>
<p>Lo mismo sucede con la herencia de la vida eterna, la herencia más grande que podemos recibir. No todos podremos heredar de golpe noventa y tres millones de dólares, pero todos podemos recibir esa otra herencia súper fabulosa. Es una herencia que la Biblia llama «indestructible, incontaminada e inmarchitable», que está reservada en el cielo para nosotros <strong>(1 Pedro 1:4).<br />
</strong><br />
La garantía de pago de esa herencia es la absoluta suficiencia de Dios, un testamento legal, un testador que murió legalmente y una firma perfectamente autorizada, la de Jesucristo. Basta con que nosotros —cada uno de nosotros— agreguemos nuestro nombre, para que la herencia sea nuestra.</p>
<p><em>Hermano Pablo</em></p>
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		<title>A nadie le gusta ser Judas</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Nov 2008 22:19:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mensaje a la Conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Conciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Tenía que ser una escultura perfecta, tanto por el motivo que iba a representar como por lo que iba a costar, noventa mil dólares. Era una escultura de la Última cena del Señor: trece figuras, Jesús y los doce apóstoles. La escultura había sido ordenada por el obispo católico de Las Vegas, Nevada, Estados Unidos, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright" style="float: right;" src="http://i281.photobucket.com/albums/kk213/fabianles/aliento/cena.jpg" alt="" />Tenía que ser una escultura perfecta, tanto por el motivo que iba a representar como por lo que iba a costar, noventa mil dólares. Era una escultura de la Última cena del Señor: trece figuras, Jesús y los doce apóstoles.</p>
<p>La escultura había sido ordenada por el obispo católico de Las Vegas, Nevada, Estados Unidos, la llamada, «Ciudad del pecado», y éste exigió de los escultores absoluta fidelidad y naturalidad. Para esto el obispo proveyó fotografías de los trece sacerdotes que servirían de modelos.</p>
<p><span id="more-1110"></span></p>
<p>Para representar a Jesús hallaron, entre ellos, a uno cuyo rostro emulaba la fisonomía del Maestro en los antiguos lienzos. Los otros doce clérigos representarían a los demás.</p>
<p>Los escultores comenzaron su trabajo, y cuando terminaron la escultura de Judas, la representación era tan genuina que todo el mundo reconocía al sacerdote que sirvió de modelo. Eso era demasiado para el clérigo, y ante sus protestas hubo que alterar el rostro. Comentando sobre la objección del sacerdote, el obispo dijo: «La verdad es que a nadie le gusta ser Judas.» El obispo tenía razón.</p>
<p>¿Quién querrá encarnar al apóstol traidor? Nadie. Así como nadie quiere que lo confundan con un Nerón o un Hitler, tampoco nadie quiere que lo conozcan como perverso o traidor. Todos deseamos tener prestigio social. Queremos que se nos vea como íntegros. Vivamos como vivamos, y seamos el peor de los pecadores, ponemos cualquier cara con tal de dar la apariencia de dignidad, nobleza y virtud.</p>
<p>La Sagrada Biblia dice que no hay hombre justo sobre la tierra, no hay quien haga lo bueno, ni hay quien nunca peque. Todos los seres humanos llevamos dentro —algunos más, otros menos— algo de Judas. Es por eso mismo, porque perfecto no es nadie, que Jesucristo murió en la cruz pagando el precio de nuestra redención.</p>
<p>En potencia la muerte de Cristo es el pago de la redención de todo el mundo. Eso es, en potencia, porque sólo el que, arrepentido, pide perdón por sus pecados y confía en la gracia de Dios, recibe el efecto transformador de la obra de Cristo en el Calvario.</p>
<p>Sólo tenemos que pedirle a Cristo que quite el Judas de nosotros y que lo reemplace con su integridad. Arrepentimiento personal, sincero y profundo, más fe en el Señor Jesucristo, es lo que nos trae esa transformación. Rindámosle hoy nuestra vida a Cristo. Él nos revestirá de su perfección.</p>
<p><em>Hermano Pablo.</em></p>
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		<title>A un paso de la escalera</title>
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		<pubDate>Sun, 17 Aug 2008 22:51:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mensaje a la Conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Conciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Los gritos despavoridos de hombres, mujeres y niños dieron la nota trágica aquel día de diciembre. En Brooklyn, Nueva York, un violento incendio había comenzado por los cortinados de las amplias habitaciones de un hotel. El cuerpo de bomberos se había hecho presente y las operaciones de salvamento habían comenzado alrededor del edificio envuelto en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-medium wp-image-1001" title="escalera" src="http://www.alientodiario.com/wp-content/uploads/2008/08/escalera.jpg" alt="" width="127" height="99" />Los gritos despavoridos de hombres, mujeres y niños dieron la nota trágica aquel día de diciembre. En Brooklyn, Nueva York, un violento incendio había comenzado por los cortinados de las amplias habitaciones de un hotel.</p>
<p>El cuerpo de bomberos se había hecho presente y las operaciones de salvamento habían comenzado alrededor del edificio envuelto en llamas. Mientras las enormes mangueras lanzaban agua sobre el humeante hotel, se había colocado una escalera de salvamento para rescatar a los sobrevivientes del undécimo piso, donde era más intenso el siniestro.</p>
<p><span id="more-1000"></span></p>
<p>De pronto la multitud que se había aglomerado comenzó a señalar una de las ventanas. Era la silueta de una mujer cuyo cuerpo estaba envuelto en llamas. El bombero más cercano había hecho acercar aún más la gigantesca escalera, y parecía que la señora se aproximaba a ella; pero antes de que se pudiera evitar, la desventurada mujer había saltado al vacío. La prensa internacional registró el nombre de la víctima. Se llamaba Rowena Matthews.</p>
<p>Sucedió que cuando a Rowena Matthews, envuelta en llamas en el undécimo piso del hotel, le ofrecieron la escalera de salvamento, ella en su desesperación no la vio, y se lanzó al vacío. Esa fue la trágica realidad para la pobre mujer en aquel hotel de Nueva York.</p>
<p>Lamentablemente el mundo está lleno de casos semejantes en que se sufre la pérdida de una vida. Pero hay una pérdida mayor que la que viene como resultado de no ver una escalera de salvamento. Es una pérdida mil veces más trágica, pues se trata de un salvamento mil veces más trascendental. Es la pérdida del pecador que puebla la tierra en que vivimos. El salvamento es la provisión divina, dada en el Calvario.</p>
<p>El pecado ha envuelto en llamas de condenación a cada persona que ha venido a este mundo. Dios, al ver esa deplorable condición, les ha ofrecido a todos una escalera de salvamento. Esa escalera es el sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario. Desgraciadamente, muchos han rechazado esa escalera salvadora porque el humo de la confusión les ha cegado el entendimiento.</p>
<p>No obstante, la invitación de Cristo es segura: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso» (Mateo 11:28). En esas palabras descansa nuestra salvación. Lo único que tenemos que hacer es acudir a Cristo y aceptar la salvación que Él nos ofrece. La cruz del Calvario, en la que dio su vida a fin de rescatarnos, es nuestra escalera salvadora.</p>
<p><em>Hermano Pablo.</em></p>
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		<title>Ciego y manejando</title>
		<link>http://www.alientodiario.com/2008/07/25/ciego-y-manejando/</link>
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		<pubDate>Fri, 25 Jul 2008 13:39:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mensaje a la Conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Conciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[El semáforo daba fielmente las señales debidas: luz verde permitiendo el paso, luz amarilla indicando precaución, luz roja demandando alto. Débora Mohr, de treinta y dos años de edad, esperaba la señal. Cuando la luz se puso verde, ella prosiguió a cruzar la calle. Pero Jorge Lizarralde, no viendo la luz roja de su lado, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright alignnone size-full wp-image-955" style="float: right;" title="semaforo" src="http://www.alientodiario.com/wp-content/uploads/2008/07/semaforo.jpg" alt="" width="106" height="112" />El semáforo daba fielmente las señales debidas: luz verde permitiendo el paso, luz amarilla indicando precaución, luz roja demandando alto. Débora Mohr, de treinta y dos años de edad, esperaba la señal. Cuando la luz se puso verde, ella prosiguió a cruzar la calle. Pero Jorge Lizarralde, no viendo la luz roja de su lado, lanzó su vehículo al cruce. En el accidente Débora fue cruelmente atropellada.</p>
<p>¿Qué había pasado? Jorge Lizarralde era lo que llaman «legalmente ciego». Es decir, veía tan poco que las leyes establecían que no tenía derecho a una licencia de manejar, y sin embargo Lizarralde manejaba con licencia auténtica, debidamente autorizada.</p>
<p><span id="more-954"></span></p>
<p>Cuando el caso llegó al tribunal, el condado donde ocurrió el accidente condenó al Departamento de Tránsito a pagarle a Débora Mohr cuatro millones de dólares de indemnización. El juez dictaminó que el Departamento de Tránsito era culpable por conferirle a un ciego una licencia de manejar.</p>
<p>Es increíble que un conductor, casi ciego, maneje un automóvil. Y es también increíble que haya podido obtener una licencia de manejar. Pero más increíble aún es pensar que se puede violar la ley sin tener que sufrir las consecuencias.</p>
<p>¿Será posible que el desbarajuste moral, que ha llegado a ser parte de nuestro mundo actual y que es un atropello en masa de nuestra sociedad, sea el resultado de una especie de ceguera universal?</p>
<p>El hecho es que si hay desfalcos, si hay asaltos, si hay borracheras, si hay drogadicciones, si hay infidelidades, si hay homicidios, si hay guerras, es decir, si existen atropellos en nuestro mundo, es porque estamos quebrantando alguna ley. Estamos, con licencia y todo, manejando ciegos, pues nuestra sociedad ya no reconoce la diferencia entre lo bueno y lo malo. ¿Qué calamidad tendrá que sobrevenirnos para que despertemos?</p>
<p>No sigamos quebrantando las leyes morales de Dios. Aunque neguemos la actualidad de esas leyes, los Diez Mandamientos siguen, como siempre, vigentes. El hacer caso omiso de ellos no los anula. Querámoslo o no, esas leyes divinas nos gobiernan. El apóstol Pablo bien lo dijo: «Cada uno cosecha lo que siembra» (Gálatas 6:7).</p>
<p>¿Qué podemos hacer? Arrepentirnos y someternos al señorío de Cristo. Comencemos elevándole a Dios una oración como la siguiente: «Señor, perdona mi orgullo. Perdona mi rebeldía. De hoy en adelante Tú serás el Señor de mi vida. Me someto a tu divina voluntad.»</p>
<p><em>Hermano Pablo.</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Escondido en una piedra ruda</title>
		<link>http://www.alientodiario.com/2008/06/30/escondido-en-una-piedra-ruda/</link>
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		<pubDate>Mon, 30 Jun 2008 19:18:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mensaje a la Conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Conciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Tenía toda la apariencia de una piedra común. Estaba redondeada, y era de color gris. Parecía una papa, y por cierto, papa la llamaban. La piedra estaba de venta en una exposición de minerales poco comunes en Plano, Texas. Un hombre la compró por diez dólares, se la llevó a su casa y la cortó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright alignnone size-full wp-image-912" style="float: right;" title="roca" src="http://www.alientodiario.com/wp-content/uploads/2008/06/roca.jpg" alt="" width="143" height="107" />Tenía toda la apariencia de una piedra común. Estaba redondeada, y era de color gris. Parecía una papa, y por cierto, papa la llamaban. La piedra estaba de venta en una exposición de minerales poco comunes en Plano, Texas.</p>
<p>Un hombre la compró por diez dólares, se la llevó a su casa y la cortó con una sierra. Dentro de la piedra, tosca y vulgar, había un zafiro de 1.154 quilates. Cortado y pulido por John Robinson, pulidor profesional de piedras preciosas, el zafiro adquirió un valor que nadie pudo haber imaginado: ¡tres millones de dólares! «¡Es un zafiro absolutamente fantástico —exclamó Robinson—, el mejor que he visto en mi vida!»</p>
<p><span id="more-911"></span></p>
<p>Una vez más se dio el caso que, dentro de una piedra que al parecer no tenía ningún valor, que los muchachos usarían para arrojársela a un perro o lanzarla por los techos, se escondía otra piedra, una piedra preciosísima que tenía un valor fabuloso.</p>
<p>Hace algunos años en Australia un escultor pobre y fracasado compró, con los últimos veinte dólares que le quedaban, una roca de tres toneladas. Sus amigos se burlaron de él. Pero el escultor vio en la piedra, tosca y ruda, algo que los demás no vieron. Trabajó con la piedra, con su cincel quitó pedazos aquí y allá, y le dio forma a la roca.</p>
<p>Cuando había terminado su obra, era una escultura perfecta del muy conocido y recordado John Wayne, el famoso actor de cine. Llevada la escultura a Hollywood, le dieron un millón cuatrocientos mil dólares por ella.</p>
<p>Grandes valores pueden encerrarse dentro de receptáculos vulgares y comunes. El mundo ha conocido a grandes hombres cuyo aspecto físico no revelaba lo que eran por dentro. El parecer físico del gran apóstol Pablo era poco envidiable, pero escondido detrás de una apariencia física no muy atractiva se encontraba el más grande y noble misionero del mundo cristiano.</p>
<p>Dentro del borracho tirado en la calle, o detrás del rostro repelente de un criminal, o escondido en el alma del déspota político más severo, puede esconderse un tesoro de valor incalculable. Y en las manos de Cristo, el divino Maestro, ese tesoro sale a la luz, y el mundo no deja de maravillarse del cambio obrado en la vida de ese hombre.</p>
<p>No nos desesperemos de nuestra miseria, o de nuestra escasa preparación académica o de nuestra vida derrotada. Cristo puede sacar de nosotros la imagen de nuestro Creador. No nos desesperemos.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>De veras me amaba</title>
		<link>http://www.alientodiario.com/2008/06/24/de-veras-me-amaba/</link>
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		<pubDate>Tue, 24 Jun 2008 22:30:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Conciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[—No tomes esa foto —advirtió Lawrence Collier—; es peligroso. Lawrence, un joven australiano, conocía esa reserva y conocía la ferocidad de las fieras. —Pero son leones mansos y, además, está permitido —le contestó la muchacha, despreocupada. La joven, Judith Damien, también australiana, era amiga de Lawrence. Se habían conocido en Australia, y había un interés [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img style="float: right;" title="foto" src="http://www.alientodiario.com/wp-content/uploads/2008/06/foto.jpg" alt="" width="130" height="99" />—No tomes esa foto —advirtió Lawrence Collier—; es peligroso.</p>
<p>Lawrence, un joven australiano, conocía esa reserva y conocía la ferocidad de las fieras.</p>
<p>—Pero son leones mansos y, además, está permitido —le contestó la muchacha, despreocupada.</p>
<p>La joven, Judith Damien, también australiana, era amiga de Lawrence. Se habían conocido en Australia, y había un interés más que de amigos entre ellos. Los dos habían ido como turistas a la reserva de Masai Mara en Nairobi, Kenya.</p>
<p><span id="more-898"></span></p>
<p>La joven preparó su cámara, e iba acercándose a una de las fieras cuando, de repente, los leones se abalanzaron sobre ella. Todo ocurrió en un instante.</p>
<p>Lawrence, que vio todo desde el vehículo, saltó en medio e interpuso su cuerpo entre ella y los leones. La pareja de felinos hizo presa de él, matándolo en el acto. Judith, aterrorizada, logró ponerse a salvo a pesar de estar herida.</p>
<p>Esa tarde, de vuelta al campamento, Judith dijo: «Él puso su vida por la mía. Nunca me dijo claramente que me amaba. Ahora sí sé que de veras me amaba.»</p>
<p>No hay como una tragedia para revelar quiénes son nuestros verdaderos amigos. El dolor, la agonía, la calamidad, revelan quiénes son las personas que de veras nos estiman. La calamidad ahuyenta a los distantes, pero acerca a los que nos aprecian. Es una especie de ley muda pero cierta. La tragedia, el accidente, la enfermedad, la muerte de un ser querido, tienen su manera de atraer a nuestro lado aquellos que son, de veras, nuestros amigos.</p>
<p>Esto nos lleva a hacer la pregunta: ¿Cuánto amor tuvo que tener Jesucristo para impulsarlo a entregar su vida en la cruz por nosotros, el género humano? Cristo mismo da la respuesta: «Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos» (Juan 15:13).</p>
<p>Todo amor se prueba con los hechos. Palabritas dulces las hay a montones, y el infame seductor sabe usarlas bien. Pero una cosa es el amor genuino, y otra, los hechos que lo comprueban.</p>
<p>Jesús expuso y dio ejemplo de la doctrina del amor verdadero. Él mismo, por amor, dio su vida por nosotros. Su amor fue perfecto, y se materializó en un sacrificio perfecto.</p>
<p>Jesús probó su amor hacia nosotros tomando nuestro lugar en la cruz. ¿Qué podemos nosotros darle a Él? Podemos corresponder a su amor. Podemos decirle: «Gracias, Señor, por lo que hiciste por mí. Mi vida es tuya para siempre.»</p>
<p><strong>Hermano Pablo.</strong></p>
]]></content:encoded>
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		<title>La rueda loca</title>
		<link>http://www.alientodiario.com/2008/06/12/la-rueda-loca/</link>
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		<pubDate>Thu, 12 Jun 2008 22:52:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mensaje a la Conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Hermano Pablo]]></category>

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		<description><![CDATA[El circo daba su función en Buenos Aires, Argentina. Estaba repleto de gente que, entusiasmada, esperaba cada actuación con gritos y aplausos. Los payasos hacían desternillarse de risa a chicos y a grandes. Entre ellos se destacaba Peporrete, que con sus saltos y piruetas acaparaba la atención de todos. Su acto final, cada noche, era [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright alignnone size-full wp-image-860" style="float: right;" title="carrusel" src="http://www.alientodiario.com/wp-content/uploads/2008/06/carrusel.jpg" alt="" width="116" height="115" />El circo daba su función en Buenos Aires, Argentina. Estaba repleto de gente que, entusiasmada, esperaba cada actuación con gritos y aplausos. Los payasos hacían desternillarse de risa a chicos y a grandes. Entre ellos se destacaba Peporrete, que con sus saltos y piruetas acaparaba la atención de todos.</p>
<p>Su acto final, cada noche, era tomarse de los tobillos, formar una rueda con el cuerpo y rodar así por toda la pista. La gente aplaudía a rabiar.</p>
<p><span id="more-859"></span></p>
<p>Esa noche Peporrete hizo lo mismo. Pero al rodar en la rueda loca, se le clavó en el pecho la punta de un tornillo que estaba oculto bajo la lona. El hombre sintió la punzada, pero siguió como si nada hubiera ocurrido. Sin embargo, la contusión interior, igual que la quebradura de un cristal que se raja, fue avanzando poco a poco. Una semana después, en plena actuación, Peporrete murió de un aneurisma.</p>
<p>¡A qué extremos llega un artista, exponiendo su arte, para traer felicidad al público! He aquí un hombre que vivió para hacer reír. Tenía una facultad inimitable. Su acto final, «La rueda loca», acto que él mismo había creado, lo ejecutaba con entusiasmo y dedicación. Pero esa dedicación le costó la vida.</p>
<p>Esto nos lleva a hacer dos reflexiones. La primera es que lo que no se hace con entusiasmo no merece hacerse. ¡Son tantas las personas que llevan una vida muerta, que no tienen pasión! Esa no es la vida que nuestro Creador quiso que tuviéramos. Él nos creó para vivir con entusiasmo, con arrebato. Él quiere vernos alegres y optimistas. Peporrete murió, pero la vida que llevó la vivió al máximo.</p>
<p>La otra reflexión es más emocional y sensible. Peporrete no es el único hombre que haya llevado una herida en el corazón. Y no es tampoco el único que haya muerto lentamente por esa herida.</p>
<p>¡Cuánta mujer, cuánta esposa fiel y buena, ha sido engañada por su marido, lastimando su corazón para siempre! ¡Y cuánto hombre hay, también fiel y bueno, a quien su esposa le falló, y aunque hubo reconciliación, la herida ha quedado, mucho más dolorosa que cualquier herida del cuerpo!</p>
<p>¿Hay alguna cura para las heridas del alma? Sí, la hay. El gran Médico divino, Jesucristo, sana por completo las heridas del corazón. Él alienta a los afligidos, devuelve la paz a los atribulados y consuela a los enlutados. Los que sufren no tienen que hacer más que acudir a Él, buscarlo de todo corazón y clamar desde el fondo de su angustia. Cristo, el Amante Pastor, viene entonces para consolar y curar.</p>
<p>Entreguémosle nuestro dolor a Cristo. Él transformará nuestras lágrimas en gozo.</p>
<p><em>Hermano Pablo</em></p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>La vida no tiene sentido sin tí</title>
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		<pubDate>Fri, 09 May 2008 22:59:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Conciencia]]></category>
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		<description><![CDATA[«Quiero un pasaje de ida solamente, para Londres.» Así dijo en la agencia de viajes de Melbourne, Australia, Neil Browne, hombre de treinta años de edad. Cuando abordó el avión y comenzó el vuelo, Neil se mostró sereno. Su rostro no reflejaba ni pena ni alegría, ni angustia ni temor, sino solamente la expresión del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright" style="float: right;" src="http://conciencia.net/images/Paul.jpg" alt="" width="100" height="100" />«Quiero un pasaje de ida solamente, para Londres.» Así dijo en la agencia de viajes de Melbourne, Australia, Neil Browne, hombre de treinta años de edad.</p>
<p>Cuando abordó el avión y comenzó el vuelo, Neil se mostró sereno. Su rostro no reflejaba ni pena ni alegría, ni angustia ni temor, sino solamente la expresión del que ha tomado una decisión definitiva, la de poner fin a sus días.</p>
<p><span id="more-750"></span></p>
<p>Cuando llegó a Gales, punto final de su viaje, Neil cerró herméticamente las puertas de su auto, dejó el motor en marcha y se dejó morir asfixiado por el monóxido de carbono. En las manos tenía las fotografías de él y de su novia, y un mechón de los cabellos de ella. Tres días antes, su novia también se había suicidado, por ser imposible el casamiento de los dos.</p>
<p>He aquí otro caso de «pacto suicida», común entre muchos enamorados desde los tiempos de Romeo y Julieta, y otro doble suicidio de jóvenes que se suma a los miles que se producen semanalmente.</p>
<p>Neil Browne y Susan Pritchard se habían conocido en 1980 en Gales, Inglaterra. Se enamoraron y se juraron amor, eterno. La boda iba a realizarse en 1984, pero por desavenencias familiares, la joven no podía viajar a Australia. Por eso se suicidó arrojándose a las aguas de un río. Neil la siguió en el pacto suicida poco después.</p>
<p>«La vida no tiene sentido sin ti», se escribieron los dos enamorados. Para ellos la vida consistía en estar unidos; en vivir siempre juntos, ya fuera como pobres o ricos; en mirarse y escucharse cada día; y en compartir todas las cosas, todos los momentos, todos los sentimientos, todas las ilusiones y todos los pensamientos.</p>
<p>Si eso no se podía realizar, era mejor morir, porque sin eso la vida carecería de importancia, de sentido y de estímulo.</p>
<p>Es precisamente esto último que Cristo demanda de aquellos que desean hacerse sus discípulos: un amor eterno, que no se satisface con nada de este mundo sino con la presencia permanente y la comunión con el Ser amado. Cristo recompensa ese amor, esa devoción y consagración a Él, con la más grande de las bendiciones para las cuales fue creado el ser humano: conocerlo, amarlo y servirle como su Señor y Salvador.</p>
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		<title>La mano más rara del mundo</title>
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		<pubDate>Sun, 04 May 2008 23:20:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mensaje a la Conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Hermano Pablo]]></category>

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		<description><![CDATA[Es una mano rara. Tiene sólo tres dedos: un pulgar y otros dos. Pero los otros dos no son dedos de la mano. Son dedos del pie del mismo dueño de la mano. Y el dueño de esa mano es el doctor Francisco Bucio, cirujano plástico de Tijuana, México. Cuando el notorio terremoto del 19 [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright" style="float: right;" src="http://conciencia.net/images/Paul.jpg" alt="" width="100" height="100" />Es una mano rara. Tiene sólo tres dedos: un pulgar y otros dos. Pero los otros dos no son dedos de la mano. Son dedos del pie del mismo dueño de la mano. Y el dueño de esa mano es el doctor Francisco Bucio, cirujano plástico de Tijuana, México.</p>
<p>Cuando el notorio terremoto del 19 de septiembre de 1985 azotó la ciudad de México, el doctor Bucio, joven entonces de veintisiete años de edad, quedó atrapado por cuatro días enteros con la mano derecha bajo una viga. La única manera de salvarlo fue amputarle cuatro dedos de la mano atrapada.</p>
<p><span id="more-732"></span></p>
<p>Tras muchas operaciones, mucha fe, mucha esperanza y horas interminables de agonía y ejercicio, el doctor Bucio, con dos dedos del pie injertados en la mano, volvió a ser el experto cirujano que había sido antes. Sería una mano rara, pero tenía, otra vez, maestría y arte.</p>
<p>He aquí otra de esas historias de increíble y maravillosa recuperación. El doctor Francisco Bucio, después de sufrir lo que normalmente hubiera sido el fin de su carrera, logró regresar a la sala de cirugía a ejercer su profesión igual o mejor —afirman algunos— que antes.</p>
<p>Su mano derecha, la que con maestría sujetaba el bisturí, quedó destrozada, pero no su fe ni su determinación. El doctor Bucio no se dio por vencido. Venció la calamidad que para muchos hubiera sido el fin de su carrera.</p>
<p>¿En qué consisten las derrotas en nuestra vida? No consisten en las tragedias que nos ocurren sino en cómo reaccionamos ante ellas.</p>
<p>Algunos reaccionan sin esperanza alguna, viéndolo todo como el fin de la vida, mientras que para otros las tragedias son un reto que los empuja, más aún, a seguir luchando. Para éstos últimos, cada derrota termina en éxito, y lo que hubiera sido un total fracaso resulta ser, más bien, una victoria.</p>
<p>Una reacción positiva así la tiene el que sabe que su vida es el producto de designio divino. Quien se ha puesto en manos de Dios y ha hecho de Cristo el Señor de su vida no vive en constante derrota. Aunque esa persona sabe que hay problemas en este mundo, no se permite ser víctima de ellos.</p>
<p>Sometámonos al señorío de Aquel que desea dirigir y ordenar nuestra vida. Él es un amigo fiel. Si se lo permitimos, nos ayudará a realizar el plan que ha trazado para nuestra vida. Digámosle con toda sinceridad: «Entra, Señor, a mi corazón, y sé mi Dios desde hoy en adelante. Yo te rindo mi voluntad. Sé tu mi guía, mi Señor y mi Dios.»</p>
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		<title>El último abismo</title>
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		<pubDate>Fri, 02 May 2008 15:58:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mensaje a la Conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[.]]></category>
		<category><![CDATA[Conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Hermano Pablo]]></category>

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		<description><![CDATA[El poema fue creación de un alma juvenil, confundida y traspasada de problemas. «Tinieblas —dice el primer verso—, vengan y llévenme al último abismo, donde el dolor y el odio, y la ira y la guerra, ya no queman más.» Y siguiendo ese mismo tono, la poesía, compuesta de versos graves y tristes, termina con: [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright" style="float: right;" src="http://conciencia.net/images/Paul.jpg" alt="" width="100" height="100" />El poema fue creación de un alma juvenil, confundida y traspasada de problemas. «Tinieblas —dice el primer verso—, vengan y llévenme al último abismo, donde el dolor y el odio, y la ira y la guerra, ya no queman más.»</p>
<p>Y siguiendo ese mismo tono, la poesía, compuesta de versos graves y tristes, termina con: «El amor ha llegado a ser mi enemigo; la amistad se ha vuelto burla; y la esperanza, mi prisión.» Así concluyó Elisabeth Garrison, de dieciséis años de edad, su poema. Su dolor, expresado en verso, explica el crimen que acababa de cometer. Elisabeth Garrison acababa de matar a su madre.</p>
<p><span id="more-727"></span></p>
<p>El alma del poeta se conmueve con las emociones más extremas. Ve la vida con ojos penetrantes, y reacciona de modo diferente al común entre los mortales.</p>
<p>Elisabeth no se llevaba bien con su madre. Las dos nunca se habían entendido, y a los dieciséis años de edad, en medio de la desesperación, Elisabeth mató a su madre. Inmediatamente después, todavía en su cuarto, la joven compuso esos versos. En ellos pedía que se le llevara al «abismo final, donde el dolor cesa. Porque —¡y qué expresión de una muchacha de apenas dieciséis años de edad!— el amor ha llegado a ser mi enemigo; la amistad se ha vuelto burla; y la esperanza, mi prisión.»</p>
<p>Ante esto nos preguntamos: ¿A qué profundidad de dolor, de desesperanza, habrá llegado la persona que dice que el amor es su enemigo, y que luego mata al ser más querido que tiene? Llegar a ese extremo es lo más desastroso que el ser humano pueda conocer. Y sin embargo hay muchas personas que han caído en ese abismo.</p>
<p>Cuando el dolor se vuelve insoportable, cuando la desesperación nos ahoga, ese es el momento de clamar: «¡Señor, te necesito; por favor, ayúdame!»</p>
<p>El salmista David sufrió, así también, sus momentos de angustia. Escuchemos uno de sus clamores: «¡Sálvame, Señor mi Dios, porque en ti busco refugio! ¡Líbrame de todos mis perseguidores! De lo contrario, me devorarán como leones; me despedazarán, y no habrá quien me libre.» Con esa ansiedad comienza David el Salmo 7, pero concluye con optimismo: «Mi escudo está en Dios, que salva a los de corazón recto&#8230; ¡Alabaré al Señor por su justicia! ¡Al nombre del Señor altísimo cantaré salmos!»</p>
<p>Aprendamos del salmista que siempre podemos encontrar refugio en Dios. Cuando todo en esta vida nos consume, siempre queda Dios. Y con tal que lo busquemos con toda sinceridad, Él siempre nos responderá. Pongamos nuestra confianza en Dios. Él jamás nos defraudará.</p>
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