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Un devocional cada dia

Le recuerdo como el que fue, el mejor hombre del universo después de Jesús, aquel que Dios eligió para ser mi progenitor, sin duda el hombre más integro que conocí, su mano firme en todo, su sonrisa seria y cálida, su mirada serena e invencible, su voz de autoridad y de amor. Me fue fácil conocer a Dios, porque por ese hombre lo conocí, su amor, su cuidado, su paternidad, todo me lo dio, su paciencia, su conocimiento, sus valores.

Pero Dios siempre fue, es y será mi Padre Real, mi Padre Eterno, mi Único Padre Dios. El que me pensó, me creo y me formo para EL.

Sin embargo, tu papito mío, te fuiste tan rápido, cuánto hubiese querido tenerte más conmigo, y tu lo sabías, luchaste cinco días, sobrehumanamente resistías inenarrable dolor y te durmieron cuando asombrados vieron que te mantenías esperándonos. Yo te vi esa mañana y a la tarde te ministraba para partir. Un pastor siendo ministrado para el encuentro con su Rey. Te fuiste cuando te despedimos, siempre un caballero, nunca nos dejaste, no nos abandonaste, te despediste no con palabras porque no había ya, pero tu espíritu al oir mi voz se sacudió, luego descansó y hasta la noticia final del siguiente día fue entonces lo que traspasó los límites de toda mi resistencia. Ya no estabas tú. El hombre de mi vida, el descendiente de una línea de Ministros de Dios, el hombre de la casa, el hijo de Dios, mi papá, no estaba ya y no estaría más.

Como saber sobre la vida sin ti papá? Como poder mantenerse en pie si ya no estabas papá? Como poder mirar la casa sin tenerte papá? Sentí morir y morí yo. Cuando Dios me resucitó con su auxilio y gran poder, pase a la Plenitud Total, a la Paternidad Eterna Directa. Yo lo había comprendido por su visitación y revelación y ahí fue el milagro. Dios llenó ese vacío que dejaste y que te evoca a veces. Nadie más pudo hacerlo, solo Dios porque EL me amo a través de ti.

Hasta la disciplina diaria inculcada fue utilizada para darme vida, ya que al día siguiente, el cual llegó sin poder dormir yo, en las gradas que tanto conocías sentada Biblia en mano seguía mi estudio bíblico devocional diario. No tenia conciencia del entorno, sólo estaba el agobiante dolor, la inmensa agonía, la eterna esperanza, la invencible firmeza, ese vacío, esa llenura y el Espíritu Santo trabajando, ahí recibí otro ministerio más, me lo dio el Gran Consolador, la consolación, ese día estaba el capítulo que seguía en el libro que estaba. Eso hizo que la llenura se hiciera plenitud. Ya estaba hecho. Estabas con Dios, estabas mejor. Paz de Dios recibí y feliz fui por ti.

Tu risa brotaba cuando yo reía, cuando me cuidabas sin hacerme notar porque no me gustaba sentirme sobreprotegida según yo, cuando llegaban los diplomas tu eras el que iba, si de viaje, tu eras quien me despedía, de regreso eras quien me recogía, mis enojos con mi entorno los amortiguabas, los triunfos no los sobreestimabas, buscabas por sobre todo que fuera de Dios, que fuera Buena. Me dejaste salir con confianza, me viste triunfar con orgullo sano, me viste servir a Dios con entrega y viste milagros concretos, me viste reír con alegría, nunca me viste llorar pero sabías que estaba triste y te ponías cerca sin decir nada pasando horas sin que hablásemos, sólo respirando y acompañándome. ¡Como no honrarte en la vida, como no saberte siempre mío y a la vez ya no porque estas con Tu Padre, EL cual también es mío!

Viste desfilar amigos por la casa, te reías cuando carnet tenían de mi biblioteca, te gustaba que enseñase y les ayudase, fui precoz y me respetaste. Supongo ahora, que tú me mirabas bien y a quien se me acercase con la maestría de no hacerse notar, nunca viste a alguien que podría ser mi toda compañía en esta tierra, no llegaste conocer a quien fuera. Te regocijaba y divertía creo, que fuese instrumento de Dios, que desde la adolescencia iglesias fundaba y hacia Misión en maneras no conocidas con frutos abundantes y duraderos. Te divertía mi seriedad, aunque ahora creo que te preocupaba más, que divertía. Fui tu terremoto, tu cataclismo, tu tsunami, tu global warming y me amaste como a tu Flor. No se como hacías, no se como hiciste, pero fuiste el padre que yo requería. Me dejaste ser y eso es más que millones de minas de diamantes, más que oro, que platino o titanio : Amor, Respeto, Protección, Confianza, Libertad.

Te despedí en la clínica, quería oírte pero sólo sonaba el respirador con el eco del llanto de la mujer que amaste para toda la vida, tu invaluable esposa, la que elegiste y es mi madre. Supe que mas no te vería aquí en esta tierra, me consolé con la certeza que nos reuniremos allá en el cielo, y tenia en mi interior la fuerza de Dios que me llenaba cuando enfrente tus exequias. No me dejaste papa, partiste y te despedimos. Un beso sagrado en la frente con gran devoción y respeto que alcanzaba a besar tu espíritu mientras volaba. La formalidad la tuve que arrostrar, tus otros dos hijos, mis hermanos, no pudieron soportarlo y uno no estuvo, el otro de pronto se marchó. Pero yo estuve al lado de la compañera de tu vida, la bendita madre que Dios me dio, que con dignidad agonizaba de dolor y recibía el consuelo del Consolador. Estuve con los que estaban ahí y te amaban, dando y recibiendo saludos, Consolando a los que te lloraban. Solo Dios hizo posible ese milagro. Cuánta multitud en aquella vigilia, hablaba hechos de ti que no conocía, me sentí lo que era, era la hija de Dios, tu hija, la hija de un santo, de un justo, entonces mi dicha futura estaba segura. Tu herencia es grande papá.

Me haces mucha falta pero no me lo digo, aprendí a caminar y a correr, luego a volar primero contigo, luego ilimitadamente con MI PADRE, tus consejos y correctivos los mantengo, no soy otra, soy la misma pero otra, me enseñaste que la existencia es de Dios y para su Gloria, su servicio y lo hago, me diste gusto por la vida sana y esa vivo. No me presionaste nunca, ni me empujaste ni me detuviste, dejaste que volase sin importar los cánones circunstanciales, me criaste como ser humano, sin moldes de genero, tu no me detuviste, con agrado me viste derrumbar limites, estereotipos y paradigmas, me amaste como nadie y me respetaste como era, como hija no me falto ni me falta nada, excepto tu, pero DIOS ya me llenó. Tú cumpliste papá, conmigo cumpliste. Por dejarme ser yo, gracias a ti te digo hoy papá.

Ahora, lo que habías empezado a ver como realidad, ya es un estilo de vida, como Ministro de Dios también, vivo entre las naciones y por tanto en cuanto viaje al lugar donde reposa tu depósito, ese santo templo del espíritu que fue, pasaré para leer en letras muy grandes, debajo de tu ilustre nombre, de tu paso por esta tierra, la inscripción que sigue tu obra entre las almas: “He pasado de muerte a Vida”. “Aquí yace mi deposito que partirá al sonido de la trompeta de mi Rey Jesús, porque soy primicia de los que resucitaremos para encontrarnos con EL e ir por fin a mi Patria Celestial, a la Mansión donde habitaré en el Cielo con mi Padre Dios y allí me reuniré con mi familia y la gran familia de mi Dios” junto con las citas bíblicas que tanto amaste y enseñaste a amar.

Padre Eterno, Dios Altísimo, gracias en Jesús, Yahshua ha Mashiaj  porque puedo decir:
¡Su Excelencia : Víctor Augusto, Ud. está vivo papá!

Muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad, Pero hombre de verdad, ¿quién lo hallará? Camina en su integridad el justo; Sus hijos son dichosos después de él. (Proverbios 20:6-7).

De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. (Juan 6:47-48)

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
(Juan 5:24)

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
(Juan 11:25-26).

Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos. Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación. (2da. Corintios 1:2-7)

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras. (1ra. Tesalonicenses 4:13-18).


Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y se dan en casamiento; mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento. Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección. Pero en cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven.
(Lucas 20:34-38).

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas. (1ra. Pedro 1:3-9).

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios. (Apocalipsis 2:7).

Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal. Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel; al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas. Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero. El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro. La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales. Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual es de ángel. El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio; y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; el quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista. Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio. Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella. No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero. (Apocalipsis 21:10-27).

Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos. Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto. ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.
(Apocalipsis 22:1-7).

He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida , y para entrar por las puertas en la ciudad. Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los  fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira. Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana. Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente. Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro. El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.
(Apocalipsis 22:12-21)

Escrito por : Royal Queen
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