El sobreviviente de un naufragio fue arrojado por la corriente a una isla deshabitada. Después de algún tiempo consiguió construir una especie de choza en la cual puso lo poco que había podido salvar de la catástrofe.
Rogaba a Dios que lo salvara y observaba ansiosamente el horizonte para poder dar una señal a todo barco que pasara. Cierto día, al volver de su búsqueda de alimentos, fue sobrecogido de espanto al ver su choza en llamas. Le pareció lo peor que podía sucederle: todo lo que había podido salvar del naufragio se estaba quemando.





Eric Lawles, de setenta años de edad y vecino de Londres, Inglaterra, armó su detector de metales. Lo probó para asegurarse que funcionaba bien y salió en busca de su martillo. Había perdido un martillo, herrumbrado y viejo, pero suyo de todos modos. Buscó en su propio patio y por los predios vecinos. En algún lado tendría que hallarse.
“Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud.” (Lucas 12:29).
Disfrute de la tercera parte del exelente monólogo de Dante Gebel, sutuaciónes de la vida en el matrimonio, anecdotas, chistes, y sobre todo enseñanzas muy practicas…

