El Predicador

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¡Era una falsificación!

Desde hacía años un lienzo colgaba en el comedor. Era atribuido al pintor Rubens. Cuando llegó la guerra se decidió vender el cuadro.

Un especialista, invitado para estimar su valor, lo estudió cuidadosamente y meneó la cabeza, diciendo: –Ustedes no podrán sacar gran cosa de esto. ¡Es una copia! Durante mucho tiempo los dueños se habían dejado engañar, pero el ojo del experto no se equivocó y percibió la falsificación.

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Hoy Quiero Enfrentar al Tentador con Tu Palabra

“Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito esta: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Mateo 4:3,4
Hoy mi vida espiritual se verá envuelta en otra batalla. Porque batallas son todos los días. El enemigo de nuestras almas jamás descansa en tentarnos para hacernos caer. Más, hoy no estoy solo, cuento con la presencia de Dios y con la orientación de su palabra.

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La Camisa

Paco de 8 años, entró en su casa, después de clase, pisoteando fuerte. Su padre, que se dirigía al fondo, al verlo entrar, lo llamó para una hablar. Paco lo acompañó desconfiado.

Antes que su padre hablara algo, Paco dijo irritado:
– Padre, estoy con muchísima rabia. Joaquín no podría haberme hecho lo que hizo. Su padre, un hombre sencillo pero sabio, escuchaba a su hijo mientras ese seguía con su reclamo.

– Joaquín me humilló delante de mis amigos. ¡Me gustaría que le pasase algo malo!

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Cuando no hay alternativa

—Está prohibido atravesar el desierto en esta época del año —manifestó seriamente el funcionario de Mauritania—. Ningún árabe se atrevería a hacerlo.

—Tiene usted razón —respondió el viajero—; pero nosotros somos seguidores de Cristo, y los cristianos somos locos.

Fue así como Michael Asher, escritor inglés, y María Antonietta, su esposa italiana, emprendieron el trayecto.

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El águila y su Pichón (amor de madre)

Se cuenta la historia de un águila que había construido su nido en lo alto de un peñasco.

Cierto día cuando volaba en torno de su nido, el águila vio a su aguilucho recién nacido que se agarraba desesperadamente del borde del nido, tratando con todas sus fuerzas de sostenerse e impedir así una caída al abismo, lo que sería fatalmente su fin.

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