Se ve mal

El rey David miró cuidadosamente al mundo y quedó atribulado. No necesitó de Internet para pintar un cuadro sombrío de la sociedad, ni de periódico alguno que le recordara el crimen y el sufrimiento. Incluso vio la maldad sin ningún programa de noticias por cable que le diera todas las malas noticias.

Miró a su alrededor y vio que «se acabaron los piadosos». Notó que «han desaparecido los fieles». En su mundo, todos hablaban «mentira» con su prójimo «con labios lisonjeros, y con doblez de corazón» (Sal. 12:1-2).

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No desconfies

Habían pasado 10 años desde que Dios había llamado a Abraham y le había prometido hacer de él una gran nación. Pero lejos de verel cumplimiento de la promesa. Abraham y Sara seguían sin descendencia.
Ya que Dios parecía haberse olvidado de su palabra, Sara decidió tomar el asunto en sus propias manos. Si Dios no le iba a dar un hijo, entonces ella iba a conseguir un hijo de otra manera – por medio de su sierva Agar.

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Tomar siempre la mano de Dios

Mi hijo de tres años quería poner la mesa para las visitas. Con buena voluntad agarró una cuchara de porcelana china. –¡Ten cuidado, es muy frágil!, apenas tuve tiempo de decirle. Pero el niño tropezó, la cuchara escapó de su mano y se rompió en mil pedazos.

Él se puso a llorar inconsolablemente: ¡deseaba tanto obrar bien! En lugar de reprocharle su falta de atención, fui a buscar el tazón de porcelana que hacía juego con la cuchara: –Toma, le dije, secándole las lágrimas, ten mucho cuidado y llévalo a la mesa.

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Israel en el desierto

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Vida gozosa

Nuestra búsqueda de la felicidad nos lleva en muchas direcciones diferentes -vacaciones soñadas, compras, comida, ropa, amigos, automóviles- la lista es casi interminable.

Imagino que, si te anima la simple mención de compras, vacaciones, o automóviles, puedes sentir una punzada de culpa. A menudo vemos la alegría de las cosas temporales como algo no espiritual y mostramos nuestro malestar disculpándonos por tener cosas lindas: «No me lo habría comprado, pero alguien me hizo una maravillosa oferta».

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Siendo un embajador

Después de visitar un refugio para personas sin hogar, algunos adolescentes se morían por expresar lo que habían experimentado. Llenos de emoción, escribieron acerca de su visita a hombres y mujeres de todas las edades que eran pobres e indigentes.

Un adolescente escribió: «Hablé con un veterano de Vietnam y le dije que en cielo tendría un cuerpo nuevo. Pude tranquilizarle en su fe».

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