Amistad

Un soldado que pudo regresar a casa después de haber peleado en la guerra de Vietnam, le habló a sus padres desde San Francisco: “Mamá, Papá. Voy de regreso a casa, pero les tengo que pedir un favor. Traigo a un amigo que me gustaría que se quedara con nosotros.”

“¡Claro!” Le contestaron, “Nos encantaría conocerlo.”

“Hay algo que deben de saber…” El hijo siguió diciendo… “Él fue herido en la guerra. Pisó en una mina de tierra y perdió un brazo y una pierna, él no tiene a donde ir, y quiero que él se venga a vivir con nosotros a casa.”

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Carta de Amor del Padre

Mi hijo.

Puede que tu no me conozcas, pero Yo conozco todo sobre ti.

Salmos 139:1 Yo se cuando te sientas y cuanto te levantas….
Salmos 139:2 Todos tus caminos me son conocidos….
139:3 Aún todos los pelos de tu cabeza están contados….

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Un clavo Saca Otro Clavo

Hubo una vez un hombre que pensaba en como sacar un clavo de una tabla gruesa de madera, pues no tenía tenazas, solo un mazo y unos clavos. Pasó mucho rato tratando de pensar la manera de sacarlo y cuando iba a desistir se le ocurrió una idea.

Tomó otro clavo y la clavó sobre la cabeza del que quería sacar y de esta forma el primer clavo salió del otro lado de la tabla.

A veces tenemos un odio, un dolor, un resentimiento que hemos estado tratando de sacar de nuestros corazones y no hemos podido por lo arraigado que se encuentra.

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Dar de corazón

Hubo una vez un limosnero que estaba tendido al lado de la calle. Vio a lo lejos venir al Rey con su Corona y Capa. Pensó:

– “Le voy a pedir y seguramente me dará bastante”.

Y cuando el Rey pasó cerca, le dijo:

– “Su Majestad, ¿Me podría, por favor, regalar una moneda?”

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Después del diluvio

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Por comerse el cuento del tio

El anciano tomó el billete de lotería en sus manos y pagó lo acordado. Se consideró muy dichoso de haber hecho el negocio, y se felicitó a sí mismo por su audacia. Era un billete de la lotería del estado de Florida, Estados Unidos, premiado con medio millón de dólares. Dos individuos se lo habían vendido en siete mil dólares, diciéndole que ellos no lo podían cobrar por ser inmigrantes ilegales.

Pero cuando Ceferino Cruz, de ochenta y un años de edad, se dirigió a cobrarlo, descubrió que era un billete falso. El anciano había sido engañado, y perdió todos sus ahorros. Con la moral destrozada, Ceferino se lanzó en su auto a un canal de agua, y murió ahogado.

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