¿Quiere crecer?
Hace algunos años conocí a un creyente rebosante de alegría. Por desdicha las cosas cambiaron. Me dice que aún lee la Biblia, pero sin interés y casi siempre los mismos versículos. En realidad se halla en un estado de estancamiento.
Decepcionado y aun avergonzado por la falta de profundidad de su vida espiritual, aspira a llegar a ser un cristiano adulto, equilibrado, que conoce a Dios y obra para agradarle.
La Grandeza de servir
La grandeza de un hombre, no se mide por lo que en su ambición sabe ganar, la grandeza de un hombre se mide, por lo que con humildad, sabe dar. Y esa grandeza se vuelve una virtud si ese hombre, a sus semejantes sabe servir.
En esta tierra, años ya, nació un hombre que su grandeza aun se sigue midiendo, y no fue por sus tesoros acumulados, ni por sus conquistas territoriales, ni por sus triunfos bélicos, pues nunca empuñó un arma.
Juan Wesley
Juan Wesley, el Padre del Metodismo, nació en 1703, fue uno de los quince hijos del Rdo. Samuel Wesley, quien era clérigo de la Iglesia Anglicana que no se apegó estrictamente a las prácticas de esa secta. Juan entró en el colegio de Christ Church, de la Universidad de Oxford en el año 1720. Allí permaneció
hasta su ordenación en 1725.
Durante los primeros años en la escuela, como él mismo confiesa, no tenía “la menor idea de santidad interior, y cometía habitualmente el pecado y aun frecuentemente con gusto”.
La ofrenda de la viuda
Una joven filipina quedó viuda con seis niños que sostener. Vivía con muchas privaciones y afanes; se levantaba a las cuatro de la mañana todos los días, cocinaba, lavaba, planchaba, preparaba la comida que los niños llevaban a la escuela, y a los más pequeños los atendía en todas sus necesidades.
Después se iba a trabajar al campo a fin de ganar suficiente arroz y maíz para alimentar a su familia. Muchas veces, mientras los niños dormían por la noche, ella pensaba en la forma en que podría lograr que el dinero le alcanzara para pagar la colegiatura de alguno de sus niños, o para suplir alguna otra necesidad.
Juan y compañia
—¿Puedo depositar dinero en ese banco?- Un joven de quince años, pobremente vestido se paró frente a la ventanilla del cajero del banco en el pequeño pueblo de Barwick, del estado de Georgia, EE.UU. de A. Todo su aspecto de miseria y pobreza indicaba que sería hijo de un mediero de alguna de las pequeñas granjas de la región, gente que por diversas razones generalmente se encuentra en mala situación económica.
Tres hojas de cartón, metidas dentro de sus zapatos completamente gastados, reemplazaban la suela que ya casi había desaparecido.
Leer la Biblia no es tarea, es placer
Cuéntase que recorriendo los caminos del país de Gales iba un ateo, el señor Hone; iba a pie y al caer la tarde sintióse cansado y sediento. Se detuvo a la puerta de una choza donde una niña estaba sentada leyendo un libro.
Le pidió el viajero agua; la niña le contestó que si gustaba pasar su madre le daría también un vaso de leche. Entró el señor Hone en aquel humilde hogar donde descansó un rato y satisfizo su sed. Al salir vio que la niña había reasumido la lectura, y le preguntó:
Papito mio: ¡tú estas vivo!
Le recuerdo como el que fue, el mejor hombre del universo después de Jesús, aquel que Dios eligió para ser mi progenitor, sin duda el hombre más integro que conocí, su mano firme en todo, su sonrisa seria y cálida, su mirada serena e invencible, su voz de autoridad y de amor. Me fue fácil conocer a Dios, porque por ese hombre lo conocí, su amor, su cuidado, su paternidad, todo me lo dio, su paciencia, su conocimiento, sus valores.
Pero Dios siempre fue, es y será mi Padre Real, mi Padre Eterno, mi Único Padre Dios. El que me pensó, me creo y me formo para EL.
Los padres cristianos según la Biblia
El mandamiento más grande en la Escritura es este: “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.” (Deuteronomio 6:5) Retrocediendo al verso 2, leemos, “.. para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tu, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados.” Siguiendo los versos, más adelante dice, “Y esas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes” (versos 6-7).
Celebrando el día del padre
Llegamos ya en este año a la celebración familiar del Día del Padre, y que corresponde todos los años, el tercer domingo del mes de Junio, lo cual permite unir los sentimientos, alrededor del hombre como progenitor, junto a otro ser tan querido como es la madre.
El verdadero sentido involucra a toda la familia, incluyendo a los abuelitos, si están cerca, para visitarlos y disfrutar juntos de la alegría con una comida especial, sin que falte el regalo, que es la expresión del cariño; y si están lejos ausentes, la modernidad del teléfono, permite acercarnos a ellos, con un afectuoso saludo.
Para quién son las manzanas?
En cierta ocasión, un joven observaba a un hombre que tenía más de ochenta años que estaba sembrando un huerto de manzanos.
El anciano amorosa y cuidadosamente preparó el terreno, plantó los diminutos vástagos y les echó agua. Después de estar mirándolo por un rato, el joven dijo: «Usted no espera que va a comer manzanas de esos árboles, ¿verdad?»
«No —replicó el anciano—, pero alguien lo hará».
La cadena de oro
El escritor y filósofo Johann Wolfgang von Goethe dijo: “La bondad es una cadena de oro por la cual se mantiene unida la sociedad”.
Pero yo no estaba pensando en la cadena de oro de bondad un día en el que un automóvil dilapidado, probablemente mantenido andando con goma y alambres, se estacionó frente a mi casa. Durante esos años, vivíamos en un pueblito justo frente a la iglesia que servía y los viajeros en necesidad constantemente hallaban el camino a nuestro hogar.






