Vida gozosa
Nuestra búsqueda de la felicidad nos lleva en muchas direcciones diferentes -vacaciones soñadas, compras, comida, ropa, amigos, automóviles- la lista es casi interminable.
Imagino que, si te anima la simple mención de compras, vacaciones, o automóviles, puedes sentir una punzada de culpa. A menudo vemos la alegría de las cosas temporales como algo no espiritual y mostramos nuestro malestar disculpándonos por tener cosas lindas: «No me lo habría comprado, pero alguien me hizo una maravillosa oferta».

Después de visitar un refugio para personas sin hogar, algunos adolescentes se morían por expresar lo que habían experimentado. Llenos de emoción, escribieron acerca de su visita a hombres y mujeres de todas las edades que eran pobres e indigentes.
Tenía toda la apariencia de una piedra común. Estaba redondeada, y era de color gris. Parecía una papa, y por cierto, papa la llamaban. La piedra estaba de venta en una exposición de minerales poco comunes en Plano, Texas.
En la porción de hoy se nos invita a reflexionar en dos posibles desenlaces en la historia de un mismo pueblo: la derrota o la victoria. La diferencia entre una y otra no está en la falta de un líder que guíe al pueblo, sino en la falta de consejeros. La existencia de consejeros presupone una apertura por parte de aquellos que están en autoridad a escuchar aquellas opiniones que pueden enriquecer la perspectiva que uno tiene de las cosas.
Henri Nouwen, renombrado autor de más de diez libros sobre diferentes aspectos de la vida espiritual, habla mucho sobre lo que significa para nosotros el haber crecido en un mundo que maldice.
Aquella mañana me había levantado muy temprano tratando de cumplir con todo lo que tenía que hacer: el trabajo, mi hogar, el ministerio personal que Dios entrega en mis manos a diario y tantas cosas más. ¡Me sentía ahogada!
Raimundo fue a abastecerse de calendarios bíblicos y volvía solo en su auto con el cargamento que iba a distribuir en su región.
—No tomes esa foto —advirtió Lawrence Collier—; es peligroso.

James Simpson es el ilustre científico que en 1847 introdujo en cirugía el cloroformo, descubierto dieciséis años antes. Por esa razón recibió las felicitaciones de sus colegas del mundo entero; también se organizó una pequeña fiesta para celebrar el mérito del sabio.





