No desconfies
Habían pasado 10 años desde que Dios había llamado a Abraham y le había prometido hacer de él una gran nación. Pero lejos de verel cumplimiento de la promesa. Abraham y Sara seguían sin descendencia.
Ya que Dios parecía haberse olvidado de su palabra, Sara decidió tomar el asunto en sus propias manos. Si Dios no le iba a dar un hijo, entonces ella iba a conseguir un hijo de otra manera - por medio de su sierva Agar.

Mi hijo de tres años quería poner la mesa para las visitas. Con buena voluntad agarró una cuchara de porcelana china. –¡Ten cuidado, es muy frágil!, apenas tuve tiempo de decirle. Pero el niño tropezó, la cuchara escapó de su mano y se rompió en mil pedazos.
Nuestra búsqueda de la felicidad nos lleva en muchas direcciones diferentes -vacaciones soñadas, compras, comida, ropa, amigos, automóviles- la lista es casi interminable.
Después de visitar un refugio para personas sin hogar, algunos adolescentes se morían por expresar lo que habían experimentado. Llenos de emoción, escribieron acerca de su visita a hombres y mujeres de todas las edades que eran pobres e indigentes.
Tenía toda la apariencia de una piedra común. Estaba redondeada, y era de color gris. Parecía una papa, y por cierto, papa la llamaban. La piedra estaba de venta en una exposición de minerales poco comunes en Plano, Texas.
En la porción de hoy se nos invita a reflexionar en dos posibles desenlaces en la historia de un mismo pueblo: la derrota o la victoria. La diferencia entre una y otra no está en la falta de un líder que guíe al pueblo, sino en la falta de consejeros. La existencia de consejeros presupone una apertura por parte de aquellos que están en autoridad a escuchar aquellas opiniones que pueden enriquecer la perspectiva que uno tiene de las cosas.
Henri Nouwen, renombrado autor de más de diez libros sobre diferentes aspectos de la vida espiritual, habla mucho sobre lo que significa para nosotros el haber crecido en un mundo que maldice.
Aquella mañana me había levantado muy temprano tratando de cumplir con todo lo que tenía que hacer: el trabajo, mi hogar, el ministerio personal que Dios entrega en mis manos a diario y tantas cosas más. ¡Me sentía ahogada!
Raimundo fue a abastecerse de calendarios bíblicos y volvía solo en su auto con el cargamento que iba a distribuir en su región.
—No tomes esa foto —advirtió Lawrence Collier—; es peligroso.





