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Un devocional cada dia

Lo que es verdaderamente importante, por lo general se hace sin ruido. A menudo la misma sabiduría consiste en callar. Pero a veces es necesario gritar, por ejemplo cuando alguien corre peligro u oye mal.
Dios nos habla cuando leemos su Palabra. Pero si rehusamos oír, Dios está obligado a alzar la voz. Mediante las pruebas, Dios se dirige a nosotros.

Lo hace porque nos ama. No nos habla de manera distante e indiferente, porque desea nuestro bien y nuestra felicidad. Se dirige a los pobres como a los ricos, a los instruidos como a los que no lo son.
A usted, que trata de aprovechar la vida rehusando formularse preguntas, a usted la divina sabiduría clama: «Deténgase, venga a probar los puros y excelentes gozos de la fe». A usted que está agobiado, la bondad de Dios también clama: «Escuche, busque mi ayuda y confíe en ella, ore y entonces podrá regocijarse».
Al final de una gran fiesta en Jerusalén, Jesús alzó la voz, diciendo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37).

Conocía el corazón del hombre y su sed de felicidad. Entonces lo invitó a acudir a él, y por él, al Padre, para recibir así el perdón, la paz y el amor. Ahora sigue llamando. En todas partes se anuncia el Evangelio mediante conversaciones, por la radio… y también por internet. El amor no puede callar y ofrece el perdón.


© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)