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Un devocional cada dia

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¡Feliz año nuevo!

Jacob, un abuelo de mucha edad y enfermo llamó a su hijo José y a sus dos nietos a la cabecera de su cama. Era el momento de la despedida, el tiempo de los recuerdos. Les contó una escena que tanto lo había conmovido: la muerte de su querida esposa, madre de su hijo José: “Cuando yo venía de Padan-Aram, se me murió Raquel… en el camino… y la sepulté allí en el camino de Efrata, que es Belén” (Génesis 48:7). ¡Ah, esa esposa amada, perdida hacía unos cuarenta años, qué recuerdo para el anciano!

Al recuperarse, después de ese momento de emoción, Jacob mandó que se acercarsen sus nietos. No estaba desalentado ni abatido. Quería bendecirlos y comunicarles un mensaje, un tesoro de parte de su Dios. Aun hoy resuenan sus palabras. Son el balance de una vida, el pasaje de una generación a otra: “El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres… el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día, el Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes” (Génesis 48:15-16).

Creyentes, en este fin de año, tal vez en el ocaso de la vida, apropiémonos de estas palabras. Sí, Dios ha cuidado de nosotros como un pastor de ovejas. ¡Nos ha librado de tantas dificultades! Ha provisto a todas nuestras necesidades y seguirá haciéndolo. Si Jacob pudo expresar tanta confianza, a pesar de las pruebas, fue porque experimentó la intervención de Dios a su favor.

Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad. Salmo 71:18

Hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré… y guardaré. Isaías 46:4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)