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Un devocional cada dia

El cojo que finalmente pudo dar saltos

“Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios”  Hechos 3: 7-10

En ocasiones mis familiares y seres queridos, en especial mi madre; me dicen que debo de bajarle a el ritmo de vida que llevo, ellos miran que constantemente estoy viajando a las minas  y que no es un día de campo precisamente, púes son jornadas de trabajo pesadas y largas, ven que mi trabajo es de gran responsabilidad y requiere de mucho autoestudio; y aún así llego en las noches a trabajar en este hermoso ministerio de devocionales, tratando de llegar a más gente, a otras lenguas y de incluir cosas nuevas para ustedes, quizás ellos solo ven más trabajo, pero yo veo mi gran pasión pues no me puedo dormir hasta que lo que esta dentro de mí me deja de consumir.

En veces mi cuerpo se encuentra muy cansado, pero ¿Ustedes creen qué a un cojo que ha sido sanado, alguna vez le importara el cansancio de sus piernas cuando hoy se encuentra saltando? o ¿El ciego que recobró la vista, se cansará de ver nuevos paisajes? o ¿El que ha sido resucitado, se cansará de vivir?

De la misma manera para mí todo lo que hoy me permite hacer el Señor es un milagro, ¿Qué menos se podría esperar de alguien cuya mente a sido totalmente restaurada? Sino gozarse con cada nueva tarea en su trabajo, porque hoy puede controlar su mente y hacer uso de esa inteligencia que ha sido depositada en él. ¿Por qué no hacer uso al tope de los talentos que me ha dado mi Rey? ; Si yo para este mundo era un vagabundo sin valor.

¿Qué ha pasado con tu vida hermano, por qué la apatía? ¿Qué acaso has olvidado que hoy eres un milagro? ¿Qué acaso no estás hoy donde tanto añorabas?

Recuerdas a el cojo del templo de la hermosa cuando lo sanó Pedro, ¿Qué fue lo que él hizo? ; Alabó a su Salvador, para asombro de los congregantes del templo, era lo menos que podía hacer; alabar con sus saltos a su Rey. Hechos 3:1-11 . Imagina esto, el cojo solo pedía limosna día a día en la entrada del templo, y un día por la gracia de Dios, recibió lo que más anhelaba. De la misma manera que tú y yo, mendigamos en la vida buscando migajas de amor y un día llegó el Salvador, nos redimió y nos introdujo a su templo; lo menos que podemos hacer es alabarle con nuestra vida.

Así como el cojo, el que estuvo muerto hoy alaba al que lo resucitó; viviendo. El que fue cautivo hoy alaba a su libertador; disfrutando su libertad. El que era ciego hoy alaba a su sanador; buscando nuevos paisajes que mirar.

Yo te invito hermano a alabar a tu Salvador con tu vida, a qué estés más consiente de que la vida que ha sido depositada en ti es un milagro, y finalmente a qué tus saltos de alabanzas sean cada vez más grandes para gloria del que te ha salvado.

Richy Esparza