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Un devocional cada dia

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Conquista a tu enemigo: transfórmalo en tu amigo

Cuando una mujer hindú se hizo seguidora de Cristo, su marido y otros parientes trataron de hacerle la vida imposible. Un día un misionero le preguntó:

—Cuando tu esposo se enfada y te hostiga, ¿qué haces?
—Le preparo una mejor comida y le barro mejor el piso —replicó la señora—. Cuando me habla ásperamente, le respondo con suavidad. En todo lo que hago procuro demostrarle que desde que me hice cristiana soy mejor esposa.

Ese marido se resistió a todos los sermones del misionero, pero no pudo rechazar la prédica práctica de su mujer. El Espíritu Santo se valió del gentil testimonio de aquella ama de casa y a la postre el hombre aceptó a Jesús.

Cuando alguien nos trata mal, tenemos dos alternativas: abrigar resentimientos o buscar medios de demostrar el amor de Dios a nuestro antagonista. (Henry G. Bosch)

Cuando los aliados liberaron el campo de concentración de Ravensbrûck al término de la segunda guerra mundial, se encontró un pedazo de papel de envoltorio en el que un prisionero había garabateado las siguientes líneas:

«Oh Señor, no te acuerdes solamente de los hombres y mujeres de buena voluntad, sino también de los de mala voluntad. Pero no te acuerdes de todo el sufrimiento que nos han infligido; acuérdate de los frutos producidos en nosotros gracias a ese sufrimiento: nuestra confraternidad, nuestra lealtad, nuestra humildad, nuestro valor, nuestra generosidad, la magnanimidad que brotó de nuestro corazón a raíz de todo esto. Y cuando les llegue la hora del juicio, que todos los frutos que dimos sean su perdón».

«El amor cubrirá multitud de pecados» 1 Pedro 4:8 y te dará la gracia y las fuerzas para no hacer caso de una ofensa o un desaire y perdonar a otros tal como tú necesitas que te perdonen.

Basta con que te olvides de ti mismo y pienses más en el prójimo. Esfuérzate por ayudar a tus semejantes, ora por ellos, demuéstrales cariño, y verás que así se resuelven casi todos los problemas. Si dejas de pensar en ti mismo y te preocupas más por tus semejantes, descubrirás que en ello reside la clave de la felicidad. He ahí la fórmula para vivir contento: Primero Jesús; segundo, los demás, y tercero tú.

En primera medida, pon la mente en Jesús. De ahí, Él te ayudará a pensar en el prójimo y a amarlo como a ti mismo.

No te alteres cuando no te comprendan; altérate más bien cuando no eres comprensivo. (Proverbio chino)

Las faltas ajenas son como las luces delanteras de un auto que viene en dirección contraria: sólo en apariencia son más encandiladoras que las tuyas.

Los pecadores perdonados conocen y manifiestan el amor.