Los cristianos tienen la tendencia a categorizar los pecados, clasificando a algunos como pequeños e insignificantes, y a otros como grandes y graves por el daño que causan.
Pero toda desobediencia a Dios afecta no sólo al pecador, sino también a innumerables personas más, tanto ahora como en el futuro.
Si separáramos el pecado de Adán y Eva de su contexto, pocos los culparíamos de una gran falta.


Escuchar a Dios no es algo que hay que hacer sólo una vez. Debemos mantener siempre su Palabra delante de nosotros, o comenzaremos a escuchar las voces equivocadas.
Salmos 55: 1, 2 “Escucha, oh Dios, mi oración, Y no te escondas de mi súplica. Está atento, y respóndeme; Clamo en mi oración, y me conmuevo”
Salmos 122: 1 “Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos”. ¿Cuándo fue la ultima vez que disfrutaste de una predicación?, si hablo de esa vez, que no soportaste a que terminaran de predicar, mientras tus lagrimas salían de tus ojos, por la razón de que Dios estaba ministrándote tremendamente.
Proverbios 10: 19 “En las muchas palabras no falta pecado; Mas el que refrena sus labios es prudente” Hay momentos en la vida en donde las discusiones están a la orden del día, discusiones con tus amigos, discusiones en tu trabajo, discusiones en la universidad o colegio, discusiones en la misma familia y hasta discusiones entre los mismos hermanos en Cristo, pero ¿Será que las discusiones traen provecho?
Isaías 43: 25 “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados”. Es increíble, pero cierto, hay personas que luego de haberse rendido a Jesús y pedido por el perdón de sus pecados, aun tienen dudas si realmente Dios los perdono o no.

