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Tesoro escondido

Eric Lawles, de setenta años de edad y vecino de Londres, Inglaterra, armó su detector de metales. Lo probó para asegurarse que funcionaba bien y salió en busca de su martillo. Había perdido un martillo, herrumbrado y viejo, pero suyo de todos modos. Buscó en su propio patio y por los predios vecinos. En algún lado tendría que hallarse.

De pronto el detector comenzó a emitir sus señales. «Aquí debe de estar», se dijo Eric, y armado de pico y pala, empezó a cavar. De pronto la pala golpeó algo metálico. No era su martillo sino un cofre.

¿Estás listo para ser bendecido?

Cuentan que un día, muy temprano, salio a pescar una persona con mucho animo y contento, ya que presentía que pescaría mucho.
Tenia todas las condiciones perfectas para hacer una gran pesca.
Se monta en su bote, comenzó a remar y llegando no muy lejos de la orilla, allí lanzo el ancla.
Prepara el hilo, prepara la carnada, pero antes de comenzar a pescar se puso en pie y comenzó a hacer una oración a Dios dando gracias por un día tan precioso y declarando la gran pesca de ese día.

La cadena de oro

El escritor y filósofo Johann Wolfgang von Goethe dijo: “La bondad es una cadena de oro por la cual se mantiene unida la sociedad”.

Pero yo no estaba pensando en la cadena de oro de bondad un día en el que un automóvil dilapidado, probablemente mantenido andando con goma y alambres, se estacionó frente a mi casa. Durante esos años, vivíamos en un pueblito justo frente a la iglesia que servía y los viajeros en necesidad constantemente hallaban el camino a nuestro hogar.

Mi Sustituto

Cuando yo era niño e iba a la escuela, vi una escena que jamás olvidaré — un hombre amarrado a un carretón, llevado por las calles a la vista de todo el pueblo, y la espalda ensangrentada por los azotes que recibió.

Fue un castigo vergonzoso. ¿Fue por muchas ofensas? No, por una sola ofensa. ¿Acaso alguien de sus conocidos ofreció compartir los azotes con él? No, no había nadie. El que cometió la falta tuvo que sufrir el castigo solo. Era la pena de una ley humana que poco después fue eliminado, siendo aquella la última ocasión que se la aplicó.

La bailarina

Una joven había tomado clases de ballet durante toda su infancia, y había llegado el momento en que se sentía lista para entregarse a la disciplina que la ayudaría a convertir su afición en profesión.

Deseaba llegar a ser la primera bailarina y quería comprobar si poseía las dotes necesarias, de manera que cuando llegó a su ciudad una gran compañía de ballet, fue a los camerinos luego de una función, y habló con el director.

Un desafío

En cierta ocasión un conocido agnóstico desafió a un igualmente conocido predicador de la Palabra de Dios a un debate sobre el tema «El agnosticismo contra el cristianismo».

El predicador respondió de esta manera:
—Estoy inclinado a aceptar tu desafío a condición de que demuestres la validez de tu posición trayendo al debate aunque fuera una sola persona que había sido un degenerado, enviciado, delincuente e irresponsable, cuya vida era una carga a sí mismo y a sus familiares—una persona así, que al escuchar tu filosofía agnóstica haya recibido tanto estímulo que rechazó su vida viciosa, se hizo persona nueva y responsable, y ha llegado a ser una persona de respeto en la sociedad: y todo * porque no cree en Jesucristo.

Suero Antiofídico

Estaba haciendo mis prácticas veterinarias para egressar de la universidad en una hacienda Ganadera a dos horas del pueblo más cercano.

Un día regresaba de la ciudad acompañado del administrador y al llegar a la hacienda vino rápidamente un vaquero a comentarle a su patrón que una víbora cascabel había mordido a uno de los empleados.

Rápidamente el administrador preguntó al vaquero si le había colocado la inyección de suero antiofídico que tenía en el depósito, el vaquero respondió que no lo había hecho pero que había entregado la cajita con el antídoto en las manos del hombre que fué mordido por la serpiente, pues él no sabía poner la inyección, por eso le pidió a otro empleado llevarlo en el tractor al hospital mas cercano.

Mi inspiración

El escultor alemán, Dannaker, trabajó por dos años en una estatua de Cristo hasta que le pareció que estaba perfecta. Llamó a una pequeña niña a su estudio, señaló a la estatua y le preguntó:

-¿Quién es ese?

Ella lo miró por un momento, y luego sus ojos se le llenaron de lágrimas mientras cruzaba sus brazos en su pecho y decía:

-Deja a los niños venir a mí. (Marcos 10:14)

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