
La tentación forma parte del proceso de Dios para con nuestras vidas , ya que es a través de ello que demostramos si somos obedientes a Dios , o si nos dejamos dominar por el mal , una vez entramos a ser parte del Reino de Dios aquí en la tierra el poder que hay en Jesús viene sobre nosotros y somos investidos del Espíritu Santo de Dios , el cual nos capacita para vencer el pecado , el mundo y al diablo , sin embargo es asombroso ver como cuando el Espíritu de Dios vino sobre Jesús una vez fue bautizado , le introdujo al desierto para ser tentado por el diablo.






Cuando las circunstancias nos invitan a la preocupación, la ansiedad y el afán, debemos aceptar el desafío de disfrutar en la presencia de Dios. Vivimos en tiempos cuando la espera se hace cada vez más inaceptable.
La esperanza es una palabra que pertenece al vocabulario de todo creyente. La esperanza del cristiano no es un deseo angustiante por una vida despreocupada, sino algo que está activo y que no se ve amenazado incluso en lo peor de las pruebas de la vida. El apóstol Pedro sabía algo acerca de esta clase de esperanza.
Para nadie es un secreto cómo es el ambiente en el que vive la juventud de hoy. Estoy hablando de aquel que ofrece el mundo. En la mayoría de los casos es un ambiente de rumba, vicios, pasiones desordenadas y en general, una vida vana y vacía.
Una sonrisa no cuesta nada, pero da mucho. Enriquece a aquellos que la reciben, sin empobrecer a aquellos que la dan.
En el momento de nuestra salvación, fuimos liberados del poder del pecado, y recibimos la capacidad de pensar y vivir como Jesús. Pero el hacer realidad este potencial, exige un esfuerzo diligente de nuestra parte, y el sometimiento al Espíritu.
Si usted está buscando la manera de cumplir el mandamiento de Cristo de amar a su prójimo, Pablo tiene una sugerencia: comparta sus cargas. Hay un momento en que toda persona tiene problemas por el peso de una situación que la oprime.
El Señor nos creó para vivir apasionadamente para Él. De ese modo, disfrutamos de las bendiciones de una relación íntima con Dios.






