ISAIAS 9:6 “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”
Ya había sido anunciada su llegada por los profetas, Emmanuel, el Salvador, Aquél que restauraría el reino de Dios; el Príncipe de Paz. Se esperaba que naciera de un vientre de linaje escogido por los hombres, pero fue nacido en linaje escogido por el espíritu santo. Se esperaba que fuera acogido por un lecho en un palacio, pero encontró calor en un pesebre.







Desde hace varios años, en Navidad se «planta» un abeto de cerca de veinte metros de altura en la esquina de la plaza Kléber en Estrasburgo (Francia). Ese árbol causa la admiración de numerosos transeúntes.
San Juan 1: 11, 12 “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. En esta época que la gran mayoría del mundo llama navidad, se celebra el nacimiento de Jesús, el cual se produjo con un solo objetivo: La Salvación del Hombre a través del perdón de los pecados.
La familia caminaba con toda calma. Era una familia típica, compuesta de padre, madre e hijo. No se supo qué salieron a hacer: si era que iban de compras, o de visita o sencillamente de paseo.
Mientras contemplaba a su joven hijo dormir tranquilamente, Tom meditó: Realmente soy un padre
Se cuenta la historia de una familia de alta sociedad, que hace muchos años iba a celebrar una festividad en honor al recién nacido de la casa. Esta se llevaría a cabo en la gran sala de la enorme mansión.







