Génesis 3: 12 “Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí”. Hay versículos bíblicos que hemos leídos cientos de veces y a lo mejor nunca nos habíamos puesto a pensar muchas de las enseñanzas que muestran.
Este día al leer nuevamente este versículo me daba cuenta de algo que no me había puesto a pensar y es el hecho de que hasta ahora había interpretado este versículo como un momento en donde Adán le estaba echando la culpa a Eva de haberle dado de comer del árbol que Dios les prohibió que comieran, pero realmente Adán no estaba culpando a Eva, sino mas bien estaba culpado a Dios.


Oskar y Janet Sinclair, feliz pareja de recién casados, se despidieron de los invitados y partieron para el aeropuerto. Su luna de miel había de ser en Alaska, el estado de intensos cielos azules, de aguas heladas y de nieves perpetuas.
No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación y del occidente te recogeré. Isaías 43:5 Aquella mañana me había levantado muy temprano tratando de cumplir con todo lo que tenía que hacer: el trabajo, mi hogar, el ministerio personal que Dios entrega en mis manos a diario y tantas cosas más. ¡Me sentía ahogada!
Para entrar en la presencia de Dios debemos primero darle GRACIAS. Todos tenemos muchisimas cosas que agradecerle a Dios!
Dos de mis hermanas y un grupo de personas se trasladaron a Majaguaña, un lugar de la selva amazónica venezolana, para tener una corta experiencia misionera entre los indígenas de la zona. Lo que nunca imaginaron fue que un paradigma actual que domina muchas vidas, no formaba parte de aquella etnia.
La mujer es un misterio insondable: interioridad rica y oculta, complicada y maravillosa.
La mujer se rió cuando me contó de la vez que despertó a su esposo para decirle que estaba de parto y que tenía que ir al hospital. Él saltó de la cama, cayó de rodillas, y dijo: «Cariño, vamos a orar.»

