
Las mujeres más hermosas del mundo
Las mujeres más hermosas del mundo no son las que desfilan en trajes de baño y vestidos de noche delante de jueces y cámaras de televisiòn. Las verdaderas finalistas y las ganadoras son aquellas que tienen el brillo interno de la gracia y el perdòn.
No hay belleza física que se pueda comparar con la dignidad espiritual o el atractivo de una mujer llena de paz, es una persona serena porque su confianza y su seguridad están en la paz que reflejan, es una persona con dignidad porque su valor y sentido se hallan en algo más que lo superficial.


Génesis 18: 12 “Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?”
“Porque el Espíritu de Dios no nos hace cobardes.Al contrario, nos da poder para amar a los demás y nos fortalece para que podamos vivir una buena vida cristiana.” 2 Timoteo 1:7 (BLS)
San Lucas 2: 7 “Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”.
1 Reyes 3:26 “Entonces la mujer de quien era el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor mío! dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo”.
“No se compra con el oro mas fino, ni su precio se calcula en plata.
Oskar y Janet Sinclair, feliz pareja de recién casados, se despidieron de los invitados y partieron para el aeropuerto. Su luna de miel había de ser en Alaska, el estado de intensos cielos azules, de aguas heladas y de nieves perpetuas.
No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación y del occidente te recogeré. Isaías 43:5 Aquella mañana me había levantado muy temprano tratando de cumplir con todo lo que tenía que hacer: el trabajo, mi hogar, el ministerio personal que Dios entrega en mis manos a diario y tantas cosas más. ¡Me sentía ahogada!
Para entrar en la presencia de Dios debemos primero darle GRACIAS. Todos tenemos muchisimas cosas que agradecerle a Dios!
Dos de mis hermanas y un grupo de personas se trasladaron a Majaguaña, un lugar de la selva amazónica venezolana, para tener una corta experiencia misionera entre los indígenas de la zona. Lo que nunca imaginaron fue que un paradigma actual que domina muchas vidas, no formaba parte de aquella etnia.







