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	<title>AlientoDiario.com&#124; Devocionales Cristianos. &#187; Mensaje a la Conciencia</title>
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		<title>Cuando el techo se nos viene encima</title>
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		<pubDate>Fri, 14 May 2010 14:44:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mensaje a la Conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Hermano Pablo]]></category>

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		<description><![CDATA[El grupo de niños jugaba muy alegre. David Bertolotto, instructor de natación que tenía diecisiete años de edad, estaba dando la clase a catorce estudiantes que tenían entre cuatro y seis años de edad. Era una piscina cubierta de una Asociación de Jóvenes en Roxbury, Massachussets, Estados Unidos. En plena clase, un crujido siniestro los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-2756" title="flor-linda" src="http://www.alientodiario.com/wp-content/uploads//2010/05/flor-linda.jpg" alt="" width="460" height="220" /></p>
<p>El grupo de niños jugaba muy alegre. David Bertolotto, instructor de natación que tenía diecisiete años de edad, estaba dando la clase a catorce estudiantes que tenían entre cuatro y seis años de edad. Era una piscina cubierta de una Asociación de Jóvenes en Roxbury, Massachussets, Estados Unidos.</p>
<p><span id="more-2755"></span></p>
<p>En plena clase, un crujido siniestro los hizo mirar hacia arriba. El techo de cemento, a quince metros de altura, comenzó a desplomarse. David elevó una oración rapidísima: «¡Señor, ayúdanos!», y frenéticamente empezó a sacar niños de la piscina y del edificio. Cuando hubo retirado al último, el techo cayó del todo. Un trozo de cemento le pegó a David en un lado del cráneo. No lo mató, pero le desgarró parte del cuero cabelludo.</p>
<p>«Cuando se hunde el piso o se desploma el techo —dijo David en el hospital—, lo mejor es clamar de inmediato a Dios.»</p>
<p>David tenía toda la razón. Había obtenido empleo temporal como instructor de natación de niños pequeños en esa institución. En la primera sesión había ocurrido lo inesperado. Y en ese momento terrible, su fe en Dios le había hecho, primeramente, clamar a Dios en forma instantánea, y luego disponerse animosamente al trabajo del rescate. Así salvó la vida de todos los niños.</p>
<p>¿Qué podemos hacer cuando el techo se nos viene encima? No el techo de un edificio sino el de nuestra vida: nuestra situación económica, nuestra condición familiar, nuestra salud, nuestras emociones. Cuando todo parece desplomarse y venírsenos encima, ¿qué podemos hacer?</p>
<p>Algunos salen corriendo desesperadamente, tratando de huir de la situación. Otros se sumergen en un lago de alcohol, tratando de no pensar. Otros se dan a los estupefacientes para insensibilizarse. Y otros se encierran en su problema y no tienen nada que ver con nadie. Pero nada de esto resuelve el problema. Al contrario, lo empeora.</p>
<p>La solución es hacer lo que hizo David Bertolotto: clamar a Cristo, fuente viva de toda ayuda, todo socorro y toda respuesta. Es fácil acudir a Cristo en cualquier emergencia de la vida cuando Cristo es nuestro amigo de todos los días, es decir, cuando vivimos acostumbrados a la oración. ¿Cómo logramos eso? Buscando su amistad, entregándole nuestra voluntad, nuestro afecto y nuestra confianza. No es difícil; Cristo nos está esperando.</p>
<p><em>Hermano Pablo</em></p>
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		<title>La mansión de mi tía Eva</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Jan 2010 14:40:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mensaje a la Conciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Sucedió en el año 1951, y la impresión que me dejó nunca la he podido olvidar. Mi esposa y yo estábamos de visita en casa de un tío mío a quien no habíamos visto por años. Su esposa, mi tía Eva, estaba enferma con una de las más temibles de las enfermedades: cáncer. Ella ya [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_2515" class="wp-caption aligncenter" style="width: 460px"><img class="size-full wp-image-2515" title="Mansion-eclectic" src="http://www.alientodiario.com/wp-content/uploads//2010/01/Mansion-eclectic.jpg" alt="" width="450" height="240" /><p class="wp-caption-text">La mansión de mi tía Eva</p></div>
<p>Sucedió en el año 1951, y la impresión que me dejó nunca la he podido olvidar. Mi esposa y yo estábamos de visita en casa de un tío mío a quien no habíamos visto por años. Su esposa, mi tía Eva, estaba enferma con una de las más temibles de las enfermedades: cáncer. Ella ya había sufrido una operación, pero debido a su condición avanzada, no habían podido detener la enfermedad.</p>
<p><span id="more-2514"></span></p>
<p>Durante mi visita, que duró una semana, ella nunca dio indicios de dolor. Al contrario, se reía con frecuencia y hacía sus quehaceres con alegría.</p>
<p>Un día le pregunté a mi tío cómo podía ella mostrar tanta conformidad con una enfermedad así.</p>
<p>—Parece, Pablo —me contestó—, que ella vive en otro mundo. Está muy grave, y tiene dolor constante, pero nunca se queja, ni cuando estamos solos. Es más bien una muy viva y genuina esperanza lo que ella tiene.</p>
<p>Ante eso, le pregunté:</p>
<p>—¿Acaso cree ella que se va a sanar?</p>
<p>—¡Oh, no! —me contestó—. Al contrario, ella sabe que va a morir. Su esperanza consiste en la otra vida. Tiene una especie de ansia de morir: como quien va de vacaciones y no se aguanta, porque está llegando la hora de partir.</p>
<p>Eso me dejó hasta débil. Yo sabía a qué esperanza se refería él, pero nunca la había sentido tan de primera mano, especialmente en mi propia familia.</p>
<p>El día que partimos, ellos estaban en la puerta, dándonos el último adiós. De repente, mi tía dijo:</p>
<p>—Pablo, quisiera cantarles algo antes de que se vayan.</p>
<p>Ella no tenía voz de cantante, pero tenía un canto en el corazón, así que comenzó a entonar esta canción: «Yo tengo mi mansión, al otro lado del río. / Mi Cristo me espera con anhelo. / Por eso no estoy triste, aunque sigo sufriendo. / Porque yo sé que pronto tendré mi recompensa.»</p>
<p>Cuando ella terminó de cantar, yo tenía un gran nudo en la garganta. Sentí que ese adiós era de veras el último. Di la vuelta para ocultar la emoción que me embargaba, abordamos nuestro vehículo y partimos. A los seis meses, mi tía Eva murió, es decir, partió. Porque para una persona con una fe tan viva, no hay muerte; sólo traslado.</p>
<p>Dios nos creó a todos para ser eternos, y desea que pasemos la eternidad con Él. Esa esperanza puede ser también nuestra. Jesucristo les dijo a sus discípulos: «En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas&#8230;. Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté» (Juan 14:2,3). Por eso el apóstol Pablo escribió: «Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia» (Filipenses 3:21).</p>
<p>Aceptemos esta fuente de esperanza. Cristo nos ofrece a todos la vida eterna.</p>
<p><em>Hermano Pablo</em></p>
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		<title>Ninguna razón para vivir</title>
		<link>http://www.alientodiario.com/2009/11/12/ninguna-razon-para-vivir/</link>
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		<pubDate>Thu, 12 Nov 2009 22:15:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mensaje a la Conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Hermano Pablo]]></category>

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		<description><![CDATA[El joven matrimonio estaba celebrando el Día del Padre, en junio de 1984. Vivían llenos de felicidad. Después de muchos años de espera, la joven señora había, por fin, tenido un hijo, un precioso varón, llamado Josué, que ahora tenía dos años y medio. En un descuido de los padres, el niño cayó a la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-full wp-image-2295" title="certificado_matrimonio" src="http://www.alientodiario.com/wp-content/uploads//2009/11/certificado_matrimonio.jpg" alt="certificado_matrimonio" width="135" height="135" />El joven matrimonio estaba celebrando el Día del Padre, en junio de 1984. Vivían llenos de felicidad. Después de muchos años de espera, la joven señora había, por fin, tenido un hijo, un precioso varón, llamado Josué, que ahora tenía dos años y medio.</p>
<p>En un descuido de los padres, el niño cayó a la piscina de natación y se ahogó. Para Diana y George Mendenall, los jóvenes padres, el golpe fue espantoso. Cayeron en una depresión profunda, y diez días después, no pudiendo soportar la pena, se suicidaron juntos en la sala de la casa.</p>
<p><span id="more-2294"></span></p>
<p>«Ninguna razón para seguir viviendo», explicaba la lacónica nota que dejaron escrita.</p>
<p>Es cierto que un golpe tal como recibieron esos jóvenes esposos residentes en California es sumamente fuerte. Y es cierto que por años habían pedido a Dios un hijito y que, al fin, el ruego se les había concedido.</p>
<p>Es cierto también que uno llega a querer un hijo con tanta fuerza y corazón que hace un ídolo de él. Y es cierto que la muerte trágica de un pequeño hermoso y amado, por un accidente que pudo haberse evitado fácilmente, es demoledora y destructiva. Todo eso es cierto.</p>
<p>Pero también es cierto que hay motivos más altos y más sublimes en la vida por los que merece ser vivida. Cuando se pierde el sentido de la vida por haberse muerto el objeto más grande del amor y del interés, es porque no se ha adquirido todavía el sentido verdadero que tiene.</p>
<p>¿Para qué fue creado el hombre, y cuál es el objetivo primordial de la existencia humana? Conocer, amar y servir a Dios. Así de sencillo y claro es el verdadero sentido de la vida humana: conocer, amar y servir a Dios.</p>
<p>Cuando se pierde de vista ese objetivo, o cuando se hace a un lado por intereses menores, es natural que no se le halle sentido a la vida cuando esos intereses menores se destruyen, y al parecer nada queda entre las manos.</p>
<p>Más vale que reconozcamos que Cristo es el supremo objetivo de la vida, pues creer en Cristo, amar a Cristo y servir a Cristo es la función suprema del ser humano. Cuando llegamos a ese punto, entonces, sólo entonces, descubrimos el sonoro motivo de la vida.</p>
<p><em>Hermano Pablo</em></p>
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		<title>De secretaria a millonaria</title>
		<link>http://www.alientodiario.com/2009/11/02/de-secretaria-a-millonaria/</link>
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		<pubDate>Mon, 02 Nov 2009 13:25:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mensaje a la Conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Conciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[La joven secretaria terminó su día de trabajo. Se frotó los ojos, cansada de escribir todo el día. Cerró su máquina de escribir y ordenó sus papeles. Eran las cinco en punto de la tarde. Se levantó de su silla, recogió sus pertenencias personales y se dirigió hacia la calle. Era sólo una más de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://conciencia.net/images/Paul.jpg" alt="" width="100" height="100" align="right" />La joven secretaria terminó su día de trabajo. Se frotó los ojos, cansada de escribir todo el día. Cerró su máquina de escribir y ordenó sus papeles. Eran las cinco en punto de la tarde.</p>
<p>Se levantó de su silla, recogió sus pertenencias personales y se dirigió hacia la calle. Era sólo una más de las miles de secretarias comerciales que se ganaban la vida en Caracas, Venezuela.</p>
<p><span id="more-103"></span></p>
<p>Pero al día siguiente, Olimpia Peña, secretaria de veintisiete años de edad, que trabajaba para la compañía Volkswagen de Venezuela, era una mujer muy diferente.</p>
<p>Ahora era dueña de noventa y tres millones de dólares. ¿Qué milagro se había producido? Uno muy sencillo. Había leído el testamento que dejó su jefe Guido Steinvorth, presidente de la compañía, quien le daba en herencia esa fabulosa suma de dinero.</p>
<p>¡Qué sorpresa más agradable es recibir una buena herencia! Sobre todo cuando esa herencia es del porte de noventa y tres millones de moneda fuerte, totalmente inesperada. En casos así uno cree estar soñando, viviendo una fantasía de telenovela o un cuento de hadas.</p>
<p>¿Qué permitió que Olimpia Peña pasara instantáneamente de ser una secretaria excelente con un buen salario, a ser una de las mujeres más ricas del país? Sencillamente, un capital suficiente para pagar tal herencia; la defunción de un benefactor, y un testamento legal, debidamente firmado. Más el nombre del heredero, por supuesto, y la firma del testamentario.</p>
<p>Con todos esos elementos en regla, ningún tribunal puede negarle la herencia al heredero. Olimpia era dueña absoluta de todos esos millones. Pagados los impuestos necesarios y la comisión al abogado, todo lo demás sería suyo, perfectamente suyo, hasta el día de su muerte.</p>
<p>Lo mismo sucede con la herencia de la vida eterna, la herencia más grande que podemos recibir. No todos podremos heredar de golpe noventa y tres millones de dólares, pero todos podemos recibir esa otra herencia súper fabulosa. Es una herencia que la Biblia llama «indestructible, incontaminada e inmarchitable», que está reservada en el cielo para nosotros <strong>(1 Pedro 1:4).<br />
</strong><br />
La garantía de pago de esa herencia es la absoluta suficiencia de Dios, un testamento legal, un testador que murió legalmente y una firma perfectamente autorizada, la de Jesucristo. Basta con que nosotros —cada uno de nosotros— agreguemos nuestro nombre, para que la herencia sea nuestra.</p>
<p><em>Hermano Pablo</em></p>
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		<title>Me traicionó mi mejor amigo</title>
		<link>http://www.alientodiario.com/2009/10/14/me-traiciono-mi-mejor-amigo/</link>
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		<pubDate>Wed, 14 Oct 2009 20:56:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mensaje a la Conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Hermano Pablo]]></category>

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		<description><![CDATA[El perro, un pastor alemán, gruñó amenazante. Bajó la mandíbula y mostró sus caninos. Luego se echó, inmóvil, y clavó la mirada en los intrusos. Eran policías de Sicilia, Italia, y ellos consideraron extraña esa reacción del animal. Sospechando algo, inmovilizaron al perro y descubrieron que se había echado sobre una pequeña puerta trampa. Era [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-full wp-image-2231" title="pastor_campo" src="http://www.alientodiario.com/wp-content/uploads//2009/10/pastor_campo.jpg" alt="pastor_campo" width="150" height="109" />El perro, un pastor alemán, gruñó amenazante. Bajó la mandíbula y mostró sus caninos. Luego se echó, inmóvil, y clavó la mirada en los intrusos. Eran policías de Sicilia, Italia, y ellos consideraron extraña esa reacción del animal.</p>
<p>Sospechando algo, inmovilizaron al perro y descubrieron que se había echado sobre una pequeña puerta trampa. Era la entrada al refugio secreto de Giuseppe Pulvirenti, el segundo jefe de la mafia siciliana, que llevaba prófugo diez años. La acción del perro descubrió al prófugo.</p>
<p><span id="more-2230"></span></p>
<p>«Me traicionó mi mejor amigo» fueron, después, las palabras de Giuseppe.</p>
<p>«Me traicionó mi mejor amigo.» ¡Qué palabras trágicas! No puede haber mayor dolor que ser traicionado por un amigo. Muchos han llegado al extremo de contemplar el suicidio por la traición de un amigo. Y sin embargo, ¿quiénes son los que más nos traicionan a nosotros? Somos nosotros mismos.</p>
<p>Un hombre llevaba una vida muy descuidada. Era deshonesto. No hacía sus negocios con integridad. Ganaba mucho pero con engaño. Y era descuidado en pagar sus deudas. Quizá pensó que nadie lo descubriría. O quizá se acostumbró tanto a la deshonra que ni cuenta se daba de su impudencia.</p>
<p>Un día se le ofreció la oportunidad de comprar una propiedad. Tenía más que suficiente para la cuota inicial, así que comenzó el trámite. Pero cuando la casa de préstamos hizo un análisis de sus cuentas, le negó el crédito. Él resultó ser su propio traidor. Bien pudo haber dicho: «Me traicionó mi mejor amigo.»</p>
<p>La única manera de salvarnos de nuestra propia traición es vivir en total y absoluta integridad. Eso quiere decir nunca mentir, nunca robar, nunca engañar, nunca ser deshonesto, nunca quebrantar ninguna ley. Y si algún día falláramos en uno de estos puntos, lo confesaríamos de inmediato. Sólo así podemos estar seguros de nunca ser nuestro propio traidor.</p>
<p>Todos podemos llevar una vida tal si vivimos según las normas morales de Dios. El día en que todo el mundo viva conforme al Decálogo de Moisés, sin nunca quebrantar ninguno de sus mandamientos, habrá paz en el mundo. Mientras eso no ocurra, no habrá paz.</p>
<p>Sin embargo, esa paz puede ser nuestra si le damos entrada a Dios en nuestro corazón. Esa, por cierto, es la fórmula para evitar traicionarnos a nosotros mismos. No nos sigamos traicionando. Seamos más bien nuestro mejor amigo al hacernos amigos de Dios. Él nos espera con brazos abiertos. Seamos cada uno nuestro mejor amigo.</p>
<p><em>Hermano Pablo</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Algo más que un cheque</title>
		<link>http://www.alientodiario.com/2009/08/29/hermanopablo/</link>
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		<pubDate>Sat, 29 Aug 2009 23:23:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mensaje a la Conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Hermano Pablo]]></category>

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		<description><![CDATA[Durante meses había estudiado, con mucho esmero, los cursos del último año de secundaria. No era sólo por interés en los estudios, sino porque su padre le había prometido un regalo especial de graduación. Era un regalo que sólo podría hacer un padre pudiente: un automóvil. No era un automóvil cualquiera: era un automóvil deportivo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong></strong> <img class="alignright size-full wp-image-2067" title="CashGovCheque_2" src="http://www.alientodiario.com/wp-content/uploads//2009/08/CashGovCheque_2.jpg" alt="CashGovCheque_2" width="150" height="107" />Durante meses había estudiado, con mucho esmero, los cursos del último año de secundaria.</p>
<p>No era sólo por interés en los estudios, sino porque su padre le había prometido un regalo especial de graduación. Era un regalo que sólo podría hacer un padre pudiente: un automóvil.</p>
<p>No era un automóvil cualquiera: era un automóvil deportivo, de esos que enloquecen a los jóvenes y atolondran a las muchachas.</p>
<p><span id="more-2066"></span></p>
<p>Por fin llegó el día de la ceremonia de graduación. El joven había terminado el curso con buenos grados y, como prueba de ello, mostraba a todos su diploma. Con la graduación llegó también la fiesta, que era el lugar donde se habría de revelar el ansiado regalo. Pero el automóvil no estaba a la vista.</p>
<p>Cuando llegó el momento de dar el regalo, su padre, en lugar de darle un auto, le dio una Biblia. El joven perdió todo control emocional y dignidad de hijo sabio, y salió furioso maldiciendo y dando portazos. Abandonó no sólo la Biblia sino también la fiesta, sus amigos, su hogar y sus padres.</p>
<p>A los pocos meses su padre murió de un síncope cardíaco sin haber visto otra vez a su hijo. Cuando el muchacho volvió a la casa para asistir al funeral, se le dio la Biblia que su padre le había regalado y que él había rechazado.</p>
<p>Dentro de la Biblia, que no había sido abierta, el joven halló un cheque por la cantidad exacta que costaba el auto. El cheque llevaba la fecha de su graduación y la firma de su padre. El joven, mal agradecido y disgustado, había abandonado no sólo a sus padres, sino también lo más preciado que existe en este mundo, la Biblia, y con ella todo lo que la Biblia contiene.</p>
<p>¡Qué fácil nos es confundir valores y abandonar lo mejor por lo peor! El joven de nuestra historia cometió dos graves errores. Primero fue insolente, faltándole al respeto a sus padres. Eso es imperdonable en cualquier hijo. Luego manifestó ignorancia, pues no reconoció el significado del libro que el padre le daba: la Santa Biblia.</p>
<p>El no hacer caso de nuestras necesidades espirituales es el error que ha causado más daño en este mundo. De más valor es la Biblia, con o sin un cheque adentro, que un vehículo, sea éste el más caro del mundo.</p>
<p>Todo ser humano tiene vacíos emocionales, morales y espirituales que sólo Dios puede suplir. Leyendo con perseverancia y esmero la Santa Biblia, encontramos la paz que necesitamos. No despreciemos el Libro de Dios. Leámoslo todos los días. Es lámpara a nuestros pies y luz en nuestro camino.</p>
<p><em>Hermano Pablo</em></p>
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		<title>Estas manos me salvaron la vida</title>
		<link>http://www.alientodiario.com/2009/08/08/estas-manos-me-salvaron-la-vida/</link>
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		<pubDate>Sat, 08 Aug 2009 14:41:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mensaje a la Conciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Era un viejo edificio de apartamentos en la ciudad de Nueva York. El ascensor era tan viejo como el edificio. Rebeca Rosario, al dejar a sus tres hijitas en su apartamento, les dijo: «Vuelvo en seguida. No tengan miedo.» Y la señora fue hasta el ascensor del piso número 14, donde vivía. Abrió la puerta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-full wp-image-1986" title="manos" src="http://www.alientodiario.com/wp-content/uploads//2009/08/manos.jpg" alt="manos" width="150" height="138" />Era un viejo edificio de apartamentos en la ciudad de Nueva York. El ascensor era tan viejo como el edificio. Rebeca Rosario, al dejar a sus tres hijitas en su apartamento, les dijo: «Vuelvo en seguida. No tengan miedo.» Y la señora fue hasta el ascensor del piso número 14, donde vivía.</p>
<p>Abrió la puerta y dio un paso hacia adentro. Pero en lugar de entrar en la cabina, cayó al vacío. La puerta no debió haberse abierto, pues la cabina estaba en el primer piso. Pero era un edificio viejo, y era, así mismo, un ascensor viejo.</p>
<p><span id="more-1985"></span></p>
<p>En su desesperación, Rebeca atinó a agarrarse de los cables mohosos del aparato. Sintió el terrible dolor de la raspadura, como fuego brotando de sus manos, pero aminoró la caída. Se quebró ambos tobillos, pero no se mató.</p>
<p>En el hospital, algunos días después, Rebeca mostró sus manos quemadas casi hasta el hueso, y dijo: «Estas manos me salvaron la vida.»</p>
<p>¡Qué significativa la frase de aquella mujer de treinta años de edad! Al caer por el hueco de un ascensor desde el decimocuarto piso, atina a agarrarse de los cables, y al cabo de su odisea declara: «Estas manos me salvaron la vida.»</p>
<p>Las manos son un instrumento maravilloso, genial diseño de Dios. Con ellas se puede empuñar un hacha o un bisturí. Se puede pintar a brochazos un gallinero o, con un delicado pincel, un cuadro como «La Última Cena».</p>
<p>Con las manos se puede proporcionar el puñetazo más violento al enemigo, o la caricia más dulce al ser amado. Se puede con ellas robar descaradamente lo ajeno, o con honradez proveer el pan de la familia. Las manos de Rebeca Rosario sirvieron para salvarle la vida.</p>
<p>Hay en la historia universal otras manos que, sin salvar la vida de quien las extendía, fueron traspasadas para obtener la salvación de la humanidad entera. Fueron las manos benditas del divino Redentor, el Señor Jesucristo. Sus manos fueron clavadas a la cruz del Calvario a fin de que Él diera su vida por la de todo ser humano.</p>
<p>Ahora cualquier persona de cualquier raza, pueblo, color o idioma, de cualquier condición económica, clase social o religión, puede ser eternamente salva con sólo creer que Jesucristo es el Hijo de Dios y que dio su vida en la cruz del Calvario como precio de rescate para su salvación.</p>
<p>Para ser eterna y gratuitamente salvos, basta con que creamos en Jesucristo y lo recibamos como eterno Salvador. Hoy puede ser el día de nuestra salvación.</p>
<p><em>Hermano Pablo</em></p>
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		<title>Una nube de mosquitos</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Aug 2009 17:16:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mensaje a la Conciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[El viejo avión DC-8 se acercaba al aeropuerto de Yakarta, Indonesia. El tiempo estaba algo tormentoso, pero no ofrecía peligro. El piloto hizo bajar las ruedas y puso los alerones. Por delante había una densa nube plomiza, pero no tenía mayor importancia. Sin embargo, no bien el avión entró en esa nube, los motores se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-1978 alignright" title="airbus-a380-0" src="http://www.alientodiario.com/wp-content/uploads//2009/08/airbus-a380-0.jpg" alt="airbus-a380-0" width="160" height="106" />El viejo avión DC-8 se acercaba al aeropuerto de Yakarta, Indonesia. El tiempo estaba algo tormentoso, pero no ofrecía peligro. El piloto hizo bajar las ruedas y puso los alerones. Por delante había una densa nube plomiza, pero no tenía mayor importancia. Sin embargo, no bien el avión entró en esa nube, los motores se apagaron.</p>
<p>El piloto, sorprendido, tuvo que hacer aterrizar el avión en plena selva. Los espesos árboles aminoraron el impacto. El avión, tras unos cuantos saltos, finalmente se detuvo. Los 142 pasajeros y la tripulación salieron golpeados pero vivos.</p>
<p><span id="more-1976"></span></p>
<p>¿Qué había pasado? La densa nube gris que paró los motores eran miles de millones de mosquitos. Éstos habían taponado las turbinas, de modo que el avión había quedado sin fuerza motriz. Un solo mosquito o, incluso, algunos pocos, podrían ser molestos, pero se pueden matar de un manotazo. En cambio, millones de mosquitos formando una densa nube negra resultó ser devastador.</p>
<p>Así son los problemas de la vida. Cuando es uno solo, no provoca mayor preocupación. Pero cuando éstos se acumulan en la vida y nos hallamos ofuscados bajo el peso de ellos, se vuelven una carga onerosa.</p>
<p>Hay tres clases de problemas: los que nosotros mismos nos causamos con nuestro comportamiento, los que otros nos causan por la razón que sea, y los que existen solamente en nuestra imaginación. Y sean cuales sean, y vengan de donde vengan, cuando se amontonan uno sobre otro en pesada y densa nube, nos ofuscamos y no hallamos qué hacer. ¿Cuál será la solución?</p>
<p>Comencemos pidiéndole a Dios calma en sincera oración. Es difícil pensar cuando ruge la tormenta. Luego sentémonos a una mesa o escritorio, y con lápiz y papel en la mano, comencemos a escribir. Anotemos con detalles cada uno de los problemas. Lo primero que notaremos es lo difícil que es pasar al papel el problema. Es porque, en gran parte, el problema es una reacción emocional y no algo, en sí, específico. En cuanto nos damos cuenta de eso, el problema empieza a disiparse.</p>
<p>Cuando terminemos de elaborar la lista, llevemos cada problema a Dios en oración, comenzando con el más leve. El apóstol Pedro dice: «Depositen en él [Cristo] toda ansiedad, porque él cuida de ustedes» (1 Pedro 5:7). Cuando con calma invocamos la ayuda divina, las soluciones comienzan a aparecer. Lo que antes era una confusión tormentosa se convierte en un remanso de paz, todo por acción de Cristo. Él está esperando que clamemos a Él para darnos esa paz.</p>
<p><em>Hermano Pablo.</em></p>
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		<title>Me gusta correr riesgos</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Jul 2009 14:36:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mensaje a la Conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Hermano Pablo]]></category>

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		<description><![CDATA[Helena y su esposo Manuel comenzaron felices su luna de miel. Se fueron a la costa de su país, Portugal. Para Helena, todo era el cumplimiento de una ilusión, la feliz conclusión de todo lo que deseaba. En medio de tal felicidad, Helena y Manuel entraron al mar a bucear. Helena vio pasar un buque, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-full wp-image-1918" title="matrimonio2" src="http://www.alientodiario.com/wp-content/uploads//2009/07/matrimonio2.jpg" alt="matrimonio2" width="120" height="153" />Helena y su esposo Manuel comenzaron felices su luna de miel. Se fueron a la costa de su país, Portugal. Para Helena, todo era el cumplimiento de una ilusión, la feliz conclusión de todo lo que deseaba. En medio de tal felicidad, Helena y Manuel entraron al mar a bucear.</p>
<p>Helena vio pasar un buque, y nadó debajo del agua hasta casi rozar el casco. Manuel le indicó por señas que se apartara del buque, pero la frase de ella siempre había sido: «Me gusta correr riesgos.» Acto seguido, Helena se hundió bajo la quilla del barco y nunca la hallaron. Tenía veinticinco años de edad.</p>
<p><span id="more-1917"></span></p>
<p>Su noviazgo con Manuel había sido a la carrera. Y su explicación simplemente era: «Me gusta correr riesgos.» Se casó a los dos meses de haber conocido a Manuel. Al defender su impetuosidad, sólo decía: «Me gusta correr riesgos.» Así llevaba Helena su vida. Todo para ella era riesgos. Tarde o temprano tenía que ocurrirle alguna tragedia.</p>
<p>Es inevitable correr riesgos en esta vida. Algunos hasta sirven para el desarrollo del carácter y de la fe. Nunca arriesgar nada es nunca lograr nada. Pero hay una gran diferencia entre un riesgo y otro. Hay riesgos sanos, así como los hay inútiles. La vida sabia y saludable no está compuesta de azares, de accidentes, de pálpitos y de riesgos. A la vida sabia la rigen la inteligencia, la cordura y la sensatez.</p>
<p>Al mundo mismo lo gobiernan leyes lógicas, sabias y prudentes. Dios, Creador supremo, lo hizo todo con inteligencia, y lo supeditó a ciertas leyes. Desde las partículas atómicas más diminutas hasta el gran cosmos universal que no tiene límite, todo está gobernado por leyes definidas.</p>
<p>De igual forma, Dios no diseñó la vida nuestra para que cada día corramos riesgos. Virtudes morales, como la justicia y la integridad, mezcladas con cualidades mentales, como el entendimiento y la razón, deben ser las que nos guíen a través de esta vida. Y si a la sabiduría y a la moralidad añadimos virtudes espirituales, eso garantiza nuestra supervivencia.</p>
<p>Tal vez la mayor de éstas sea la fe. Cuando ejercitamos la fe —fe en el Señor Jesucristo, fe que nos une a nuestro Creador y nos hace actuar de acuerdo con sus leyes divinas—, nos produce protección, satisfacción y sosiego. No vivamos como esclavos a los riesgos. Sometámonos más bien a la voluntad de Dios. Con Él no hay riesgos sino seguridad. Entreguémonos al señorío de Cristo.</p>
<p><em>Hermano Pablo</em></p>
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		<title>Cuando no se miden las consecuencias</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Jul 2009 14:45:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mensaje a la Conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Hermano Pablo]]></category>

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		<description><![CDATA[Fue una hazaña singular. En un lapso de tres meses Alejo Alberti, de dieciocho años de edad, construyó una casa. La hizo con sus propias manos y enteramente de trozos de árboles. Primero taló los árboles. Después cortó los trozos, todos del mismo tamaño. Y luego fue colocando trozo sobre trozo, ensamblados unos con otros [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-full wp-image-1906" title="bosquesverdes" src="http://www.alientodiario.com/wp-content/uploads//2009/07/bosquesverdes.jpg" alt="bosquesverdes" width="150" height="112" />Fue una hazaña singular. En un lapso de tres meses Alejo Alberti, de dieciocho años de edad, construyó una casa. La hizo con sus propias manos y enteramente de trozos de árboles. Primero taló los árboles.</p>
<p>Después cortó los trozos, todos del mismo tamaño. Y luego fue colocando trozo sobre trozo, ensamblados unos con otros hasta formar su casa de dos cuartos, cocina y baño. Todo esto ocurrió en las montañas de Catskill del estado de Nueva York en los Estados Unidos.</p>
<p>Pero Alejo no contó con el invierno.</p>
<p><span id="more-1905"></span></p>
<p>Y éste fue tan duro que no pudo aguantar el frío. Tuvo entonces que ir desarmando trozo tras trozo, hasta desmantelar una parte de la casa para, con el fuego de los trozos, poder calentar la otra parte. Cuando le quedaba sólo media casa, regresó a la ciudad.</p>
<p>¿Qué fue lo que le pasó a Alejo Alberti? No midió las consecuencias. Y cuando llegaron los malos tiempos, Alejo no estaba preparado. Es increíble cómo algunos pasan por esta vida sin prever las consecuencias y, cuando el mundo se les viene encima, se extrañan de que todo les vaya mal.</p>
<p>Hay quienes edifican una posición importante en la vida, luchando con paciencia y pericia durante muchos años. Logran seguir una carrera, fundar una empresa, ganar mucho dinero, comprarse varias casas. Se casan, crían hijos, los educan y, tras unos cuarenta años de lucha, obtienen el prestigio social que sus años de trabajo les han deparado.</p>
<p>¿Y qué ocurre entonces? Comienzan, por una loca aventura de amor, a derribar todo lo que pacientemente construyeron. Una mujer joven los cautiva con sus encantos, y cuarenta años de vida provechosa y fructífera quedan, en un momento, hechos cenizas en el fuego de una pasión otoñal.</p>
<p>Cada nada oímos de historias como éstas, que ocurren en los que se han ganado algún prestigio en esta vida. La pantalla grande y la chica han recogido más de una vez la historia de un hombre que, por ceder al fuego otoñal, que puede ser más destructivo que el juvenil, se hunde en el fracaso y en la degradación social.</p>
<p>Más vale que midamos las consecuencias. No nos lancemos al vacío sólo por una ilusión. La vida nos ha costado demasiado para hacerla cenizas en un instante. Pidámosle a Dios que nos ayude en esos momentos cuando una buena situación económica y social nos hace creer que podemos darnos cualquier gusto. Hagamos de Cristo el Señor de nuestra vida, antes que se destruya todo lo que hemos edificado.</p>
<p><em>Hermano Pablo</em></p>
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