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Cuando el techo se nos viene encima

El grupo de niños jugaba muy alegre. David Bertolotto, instructor de natación que tenía diecisiete años de edad, estaba dando la clase a catorce estudiantes que tenían entre cuatro y seis años de edad. Era una piscina cubierta de una Asociación de Jóvenes en Roxbury, Massachussets, Estados Unidos.

La mansión de mi tía Eva

La mansión de mi tía Eva

Sucedió en el año 1951, y la impresión que me dejó nunca la he podido olvidar. Mi esposa y yo estábamos de visita en casa de un tío mío a quien no habíamos visto por años. Su esposa, mi tía Eva, estaba enferma con una de las más temibles de las enfermedades: cáncer. Ella ya había sufrido una operación, pero debido a su condición avanzada, no habían podido detener la enfermedad.

Ninguna razón para vivir

certificado_matrimonioEl joven matrimonio estaba celebrando el Día del Padre, en junio de 1984. Vivían llenos de felicidad. Después de muchos años de espera, la joven señora había, por fin, tenido un hijo, un precioso varón, llamado Josué, que ahora tenía dos años y medio.

En un descuido de los padres, el niño cayó a la piscina de natación y se ahogó. Para Diana y George Mendenall, los jóvenes padres, el golpe fue espantoso. Cayeron en una depresión profunda, y diez días después, no pudiendo soportar la pena, se suicidaron juntos en la sala de la casa.

De secretaria a millonaria

La joven secretaria terminó su día de trabajo. Se frotó los ojos, cansada de escribir todo el día. Cerró su máquina de escribir y ordenó sus papeles. Eran las cinco en punto de la tarde.

Se levantó de su silla, recogió sus pertenencias personales y se dirigió hacia la calle. Era sólo una más de las miles de secretarias comerciales que se ganaban la vida en Caracas, Venezuela.

Me traicionó mi mejor amigo

pastor_campoEl perro, un pastor alemán, gruñó amenazante. Bajó la mandíbula y mostró sus caninos. Luego se echó, inmóvil, y clavó la mirada en los intrusos. Eran policías de Sicilia, Italia, y ellos consideraron extraña esa reacción del animal.

Sospechando algo, inmovilizaron al perro y descubrieron que se había echado sobre una pequeña puerta trampa. Era la entrada al refugio secreto de Giuseppe Pulvirenti, el segundo jefe de la mafia siciliana, que llevaba prófugo diez años. La acción del perro descubrió al prófugo.

Algo más que un cheque

CashGovCheque_2Durante meses había estudiado, con mucho esmero, los cursos del último año de secundaria.

No era sólo por interés en los estudios, sino porque su padre le había prometido un regalo especial de graduación. Era un regalo que sólo podría hacer un padre pudiente: un automóvil.

No era un automóvil cualquiera: era un automóvil deportivo, de esos que enloquecen a los jóvenes y atolondran a las muchachas.

Estas manos me salvaron la vida

manosEra un viejo edificio de apartamentos en la ciudad de Nueva York. El ascensor era tan viejo como el edificio. Rebeca Rosario, al dejar a sus tres hijitas en su apartamento, les dijo: «Vuelvo en seguida. No tengan miedo.» Y la señora fue hasta el ascensor del piso número 14, donde vivía.

Abrió la puerta y dio un paso hacia adentro. Pero en lugar de entrar en la cabina, cayó al vacío. La puerta no debió haberse abierto, pues la cabina estaba en el primer piso. Pero era un edificio viejo, y era, así mismo, un ascensor viejo.

Una nube de mosquitos

airbus-a380-0El viejo avión DC-8 se acercaba al aeropuerto de Yakarta, Indonesia. El tiempo estaba algo tormentoso, pero no ofrecía peligro. El piloto hizo bajar las ruedas y puso los alerones. Por delante había una densa nube plomiza, pero no tenía mayor importancia. Sin embargo, no bien el avión entró en esa nube, los motores se apagaron.

El piloto, sorprendido, tuvo que hacer aterrizar el avión en plena selva. Los espesos árboles aminoraron el impacto. El avión, tras unos cuantos saltos, finalmente se detuvo. Los 142 pasajeros y la tripulación salieron golpeados pero vivos.

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