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Un arma al alcance de todos: la oración

En Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, en una aldea donde se escondían hombres de la resistencia, los tres hijos de una familia cristiana habían sido apresados en una redada. Conducidos a la cárcel, interrogados y maltratados, fueron encerrados en la misma celda.

Torturados por el hambre, se arrodillaron y suplicaron al Señor que interviniera a su favor. Apenas terminada su oración, el postigo de la puerta se abrió y un pan de gran tamaño cayó a sus pies.

Una propaganda inútil

Esto ocurrió en los años 60, cuando Kruschow estaba al mando de la Unión Soviética. Una joven rusa llamada Irina estudiaba en un colegio en Odessa.

Se aburría muchísimo porque allí se enseñaba el ateísmo. Irina se decía: –Si fuese cierto que Dios no existe, bastaría que nos lo dijeran dos o tres veces, y punto. Pero si tienen que repetirlo siempre y con tanto odio, entonces debe haber un Dios, y él debe ser fuerte.

Sobreviviente

El sobreviviente de un naufragio fue arrojado por la corriente a una isla deshabitada. Después de algún tiempo consiguió construir una especie de choza en la cual puso lo poco que había podido salvar de la catástrofe.

Rogaba a Dios que lo salvara y observaba ansiosamente el horizonte para poder dar una señal a todo barco que pasara. Cierto día, al volver de su búsqueda de alimentos, fue sobrecogido de espanto al ver su choza en llamas. Le pareció lo peor que podía sucederle: todo lo que había podido salvar del naufragio se estaba quemando.

¿Quiere crecer?

Hace algunos años conocí a un creyente rebosante de alegría. Por desdicha las cosas cambiaron. Me dice que aún lee la Biblia, pero sin interés y casi siempre los mismos versículos. En realidad se halla en un estado de estancamiento.

Decepcionado y aun avergonzado por la falta de profundidad de su vida espiritual, aspira a llegar a ser un cristiano adulto, equilibrado, que conoce a Dios y obra para agradarle.

Catástrofe aérea

La mañana del 25 de julio de 2000, cierto diario dedicó un amplio espacio al futuro avión gigante A 380. También había un artículo que explicaba el buen funcionamiento del avión supersónico Concorde después de 30 años de servicio, el cual terminaba así: «El Concorde aún debería volar en el 2020». Pero al finalizar ese mismo día, nos enteramos de un dramático accidente aéreo de ese mismo Concorde… Cerca de ciento veinte personas perecieron en la catástrofe.

¡Era una falsificación!

Desde hacía años un lienzo colgaba en el comedor. Era atribuido al pintor Rubens. Cuando llegó la guerra se decidió vender el cuadro.

Un especialista, invitado para estimar su valor, lo estudió cuidadosamente y meneó la cabeza, diciendo: –Ustedes no podrán sacar gran cosa de esto. ¡Es una copia! Durante mucho tiempo los dueños se habían dejado engañar, pero el ojo del experto no se equivocó y percibió la falsificación.

¿Necesidad de Dios?

Un vecino me había dicho más de una vez: «Quizás usted tenga necesidad de Dios, pero yo no lo necesito». Cierta mañana lo hallaron muerto al pie de su cama.¡Qué terrible final! “Perecerá el hombre, ¿y dónde estará él?” (Job 14:10). El polvo vuelve a la tierra… y el espíritu vuelve a Dios (Eclesiastés 12:7).

Este Dios, de quien mi vecino se apartó durante toda su vida, “tiene potestad en la tierra para perdonar pecados” (Mateo 9:6).

¿Pensó usted en dar gracias a Dios?

Nuestro vecino era honesto y trabajador. Había tenido éxito en su profesión y mostrado mucha abnegación por su mujer, quien había quedado ciega al principio de su matrimonio. Ahora él tenía cerca de ochenta años.

Su aspecto era digno, agradable, pero… más bien satisfecho consigo mismo. Durante una visita en año nuevo, mientras evocaba el pasado, mi padre le preguntó: –¿Pensó usted en darle gracias a Dios por todo lo que él le ha dado?

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