En Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, en una aldea donde se escondían hombres de la resistencia, los tres hijos de una familia cristiana habían sido apresados en una redada. Conducidos a la cárcel, interrogados y maltratados, fueron encerrados en la misma celda.
Torturados por el hambre, se arrodillaron y suplicaron al Señor que interviniera a su favor. Apenas terminada su oración, el postigo de la puerta se abrió y un pan de gran tamaño cayó a sus pies.


Esto ocurrió en los años 60, cuando Kruschow estaba al mando de la Unión Soviética. Una joven rusa llamada Irina estudiaba en un colegio en Odessa.
El sobreviviente de un naufragio fue arrojado por la corriente a una isla deshabitada. Después de algún tiempo consiguió construir una especie de choza en la cual puso lo poco que había podido salvar de la catástrofe.
Hace algunos años conocí a un creyente rebosante de alegría. Por desdicha las cosas cambiaron. Me dice que aún lee la Biblia, pero sin interés y casi siempre los mismos versículos. En realidad se halla en un estado de estancamiento.
La mañana del 25 de julio de 2000, cierto diario dedicó un amplio espacio al futuro avión gigante A 380. También había un artículo que explicaba el buen funcionamiento del avión supersónico Concorde después de 30 años de servicio, el cual terminaba así: «El Concorde aún debería volar en el 2020». Pero al finalizar ese mismo día, nos enteramos de un dramático accidente aéreo de ese mismo Concorde… Cerca de ciento veinte personas perecieron en la catástrofe.







