2 Samuel 11: 1-4 “Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en Jerusalén. Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa. Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo. Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa”.
Aquel jovencito que venció al gigante Goliat con la ayuda de Dios, ya se había convertido en un rey, luego de pasar por un tiempo de desierto Dios había cumplido su promesa, ahora ya no era un joven mas, ahora era un hombre de reino, un hombre de guerra y sobre todo un hombre conforme al corazón de Dios.