Archivo para la ‘Evangelismo’ Categoria



Ejemplo de fidelidad

Cristo es fiel aun cuando nosotros no lo somos

Durante cinco años y medio estuvo haciendo lo mismo. Cada vez que llegaba el tren a la estación, iba a esperar a los pasajeros. No necesitaba leer los horarios. No le importaba ni el calor tórrido del verano ni el frío gélido del invierno. Cuatro veces al día, con cada tren que llegaba, ya fuera del norte o del sur, iba y esperaba pacientemente en el andén. Era un perro, un perro pastor alemán.

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Hoy quiere sanar tu alma y hacerte libre

Hoy quiere sanar tu alma y hacerte libre

Tal vez para el hombre es inimaginable, tal vez esa condenación en la que has vivido te ha hecho creer que no existe otra manera de vivir, tal vez tu alma ha sido encarcelada en el “yo soy diferente y no puedo”, o simplemente ya estás cansado de luchar. Quizás crees que aunque fueses liberado no sabrás cómo vivir, quizás crees que aunque el Todopoderoso inclinará Su oído a ti, no tendrás nada que ofrecerle a cambio.

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Devuelvase al remitente

«No se engañen, de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra»

Era un paquete de correo: un paquete común, de menos de un kilo de peso. Lo había llevado al correo de Bagdad, Irak, Khay Ranahjet, un joven de veinticuatro años de edad. Se lo estaba enviando a una persona de la misma ciudad.

Al llevar Khay, varios días después, una carta al correo, encontró ese mismo paquete en su buzón. Tenía impreso un sello de correo que decía: «Franqueo insuficiente. Devuélvase al remitente.»

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La generosidad y la gratitud

Entre todas las virtudes que el ser humano puede tener, las que más satisfacción producen son la generosidad y la gratitud.

Nació y se crió en la pobreza. Sus padres eran trabajadores esforzados, y le inculcaron virtudes como gratitud, respeto, cortesía y honor. También le legaron conceptos de vida como generosidad e integridad, y esmero en el estudio y en el trabajo. Vivió todos sus días en su país natal de Suecia, y murió a los ochenta y cinco años de edad.

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No puedo ver nada

«No puedo ver nada.» En su sencillez y brevedad, estas palabras siempre denotan un problema ó una desgracia que se precipita

Las palabras se oían con claridad, serenas y dramáticas: «No puedo ver nada.» Los hombres las escucharon vez tras vez, callados, serios, cargados de pesadumbre. La cinta seguía corriendo y corriendo. Pero ninguna palabra más podía oírse. Sólo aquellas que encerraban toda una tragedia: «No puedo ver nada.»

Eran las últimas palabras que había grabado el piloto del Boeing 747 de Iberia, que había chocado con el avión de Avianca en el aeropuerto Barajas de Madrid. La densa niebla, y el deficiente sistema de luces de la pista, habían provocado la tremenda desgracia en la que murieron 196 personas.

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Casa nueva, vida nueva

La muerte acecha a cada paso; por lo tanto, siempre hay que estar preparado

En la casa todo era alegría, festejo y felicidad. La casa estaba recién construida, y la familia se había mudado hacía apenas tres horas. Además del festejo por la casa nueva, se brindaba por la felicidad de una pareja de recién casados.

Así mismo, en el jet de fabricación británica, todo era festejo y alegría también. El avión estaba recién reparado, y volvía a la casa de su dueño, el magnate liberiano Hawker Siddeley. El ingeniero de vuelo, Joseph Dovillie, inglés de cuarenta y un años de edad, se sentía feliz también.

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