
Ay, de los que moran en la tierra
En ningún momento de la historia de la humanidad, Dios no ha cesado de advertir sobre las consecuencias que trae vivir en desobediencia a su palabra. Dios advierte por medios diversos. Además de advertir por su palabra, lo hace por medio de personas y acontecimientos específicos, son advertencias claras, precisas y oportunas, lo que ha sucedido hasta hoy, es una nada comparado con lo que viene.



Cierto día un joven estaba en el taller de un herrero, y este se mofaba del muchacho diciéndole:
En cierta ciudad de los Estados Unidos vivió hace tiempo un hombre rico, bien conocido, llamado Zet Pedil, quien no creía en la existencia de Dios; se burlaba de los que creían en Dios, con tal vehemencia lo hacía y con un vocabulario tan soez que cuando los creyentes lo veían, temblaban de terror.
El 16 de abril de 1947 en Texas City, Texas, EE. UU. de N. A., ocurrió una violenta explosión, la cual fue considerada como la más grande que se ha producido, aparte de las explosiones atómicas que se han efectuado.
Germán Loaiza vende teléfonos celulares. Algo normal, lo curioso es que los comercializa en un pueblo en el que no entra la señal…
Ted Turner, exitoso empresario de la TV, hizo una pregunta desafiante a su buen amigo Vartan Gregorian, presidente de la Corporación Carnegie: «Tú eres un gran recaudador de fondos.
Al superintendente de educación del condado le hacía falta emplear un conductor de autobús escolar, y tenía tres aplicaciones para la vacante. Para seleccionar el hombre más capacitado ideó la siguiente prueba:
El único sobreviviente de un naufragio estaba sobre una pequeña isla desierta. Estaba orando fervientemente, pidiendo a Dios que lo rescatara. Todos los días revisaba el horizonte buscando ayuda, pero ésta nunca llegaba.
En 1923, un pequeño grupo de los hombres más ricos del mundo se reunieron en el Hotel Edgewater Beach de Chicago, Illinois. Eran la elite de la riqueza y del poder.
Después de la misión del Apolo XV, el coronel James Irwin relató algunos de los puntos sobresalientes de su experiencia. Contó de sus cuerpos sin peso flotando libres en la cápsula espacial, el semicírculo en aumento de la tierra como se ve desde la luna, y el descenso triunfal de la cápsula ante un mundo que observaba.
Durante el siglo XIV, en lo que hoy es Bélgica, vivió un hombre llamado Reynald III.







