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Una invasión de moscas

Era una plaga de moscas. Moscas grandes, verdes, zumbonas, molestas. Moscas que por millones se posaban sobre los alimentos en la mesa, sobre los vasos de agua, sobre los cabellos de las mujeres y en la cara de los niños. Eran moscas feas, antipáticas, peligrosas, detestables.

Aquella plaga que atormentó a cien mil habitantes de la ciudad de Paita, Perú, comenzó en los montones de desperdicios de pescado que los pescadores abandonaban negligentemente en la playa. De toda esa podredumbre salieron las moscas.

Antes de juzgar pide sabiduría a Dios

ReflexionesHubo una vez un hombre que John Wesley calificó de miserable, por lo que profesaba poco respeto hacia él. Se sentía superior a este hombre y en una ocasión, en la que aportó muy poco a una respetable organización de caridad, Wesley lo criticó abiertamente.

No mucho tiempo después, el caballero visitó a Wesley. Este último quedó sorprendido al escuchar a aquel hombre, a quien había catalogado como tacaño, y que ya por varias semanas venía subsistiendo con lo imprescindible.

Miles de aguijones

AbejasJosé García, anciano granjero, comenzó la faena agrícola del día. A los ochenta y seis años de edad todavía trabajaba la tierra casi como en sus años mozos. Puso en marcha el tractor y empezó a trazar surcos.

Todo iba bien, como de costumbre, hasta que le pegó a una colmena muy grande. No pareció importarles a las abejas si el anciano no vio la colmena o si simplemente no quiso desviar su trayectoria, pues lo atacaron con furia, dejando como saldo no menos de mil picaduras.

¿No nos ha creado un mismo Dios?

Malaquías 2: 10 “¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos portamos deslealmente el uno contra el otro, profanando el pacto de nuestros padres?”

Quizá una de las cosas que me impacto cuando entregue mi vida al Señor fue que en la congregación en donde aun me encuentro había una hermandad única, había un compañerismo excelente y un apoyo mutuo indescriptible.

Una respuesta amable

PCLa respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego. Proverbios 15.1 (NVI)

MIENTRAS esperaba para que alguien tomara el teléfono, estaba tensa. Tenía una queja y ellos iban a oírme. «Hola, estaba llamando con relación a la computadora que su esposo me vendió», le dije sin perder tiempo. «La computadora no se enciende, no lo ha hecho hace un mes. ¿Cree que él podría arreglarla?». Quería que supieran que lo decía en serio, y no quería perder tiempo con excusas. Pero no hubo excusas.

Fijate en la hormiga

El desierto ardía como horno encendido. El sol llameante calcinaba la tierra, y fuertes vientos levantaban olas de arena que ennegrecían el cielo.

En medio del calor una caravana, que cruzaba el Sahara, se vio de pronto rodeada de negras nubes y debió buscar refugio donde lo hubiera. Pasado el simún, la caravana, larga y abatida, miró atentamente al cielo, y con paso firme regresó al rumbo que había perdido.

La Rosa roja

Caminaba un día por la calle, cuando observé como unas nubes oscuras se juntaban en el cielo, y vi luego como la lluvia empezó a caer, rápidamente busqué refugio, al mismo tiempo que la suave lluvia se convertía poco a poco en tormenta.

Encontré refugio bajo una cornisa, a la entrada de una casa, en el momento en que la tormenta caía con más fuerza y estruendo.

Tomar siempre la mano de Dios

Mi hijo de tres años quería poner la mesa para las visitas. Con buena voluntad agarró una cuchara de porcelana china. –¡Ten cuidado, es muy frágil!, apenas tuve tiempo de decirle. Pero el niño tropezó, la cuchara escapó de su mano y se rompió en mil pedazos.

Él se puso a llorar inconsolablemente: ¡deseaba tanto obrar bien! En lugar de reprocharle su falta de atención, fui a buscar el tazón de porcelana que hacía juego con la cuchara: –Toma, le dije, secándole las lágrimas, ten mucho cuidado y llévalo a la mesa.

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