Proverbios 4: 23 “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida” Una de las cosas más terribles en un noviazgo son las constantes peleas. En un noviazgo cristiano las peleas no tendrían que ser el punto fuerte de la relación, pero lastimosamente así lo es.
¿Conoces novios que pasan mas tiempo enojados que contentos?, a lo mejor se dejan de hablar por días, semanas e incluso meses, luego se les pasa el enojo y vuelven nuevamente a tratar de creer que nada ha pasado.


1 Corintios 13: 4-8 “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;
“y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado.” Apocalipsis 2:3.
El fuego comenzó después de la medianoche. Quizá fue accidental. No se sabe. Lo que sí se sabe es que cuando el fuego comienza, en esas montañas cálidas y secas de Malibú cerca de Los Ángeles, California, en pocos minutos se vuelve un infierno. Eddie Bedrosián, de diecisiete años de edad, estaba en su cuarto a las cuatro de la mañana cuando se dio cuenta de la conflagración.
Fueron cien mil promesas. Cien mil pares de manos que se levantaron en alto. Cien mil corazones que latieron más apresurados que nunca. Cien mil jóvenes que en compromiso sincero firmaron tarjetas confirmando un contrato.
Una de las tragedias más grandes del ser humano es no sentirse amado. No es solo un problema de la mujer, sino del ser humano en general. Una de las mayores necesidades del ser humano es la de amor y pertenencia.
Tenemos que pasar por la obscuridad para luego ver la luz … Y es que a veces creemos que cuando atravesamos momentos difíciles – una enfermedad, la pérdida de un ser querido, un problema económico, una desilusión amorosa, etc. – que Dios nos ha abandonado, que no nos ama, que nos ha olvidado, y un sin fin de cosas, y experimentamos sentimientos de angustia, tristeza y hasta rebeldía, llegando incluso en casos extremos a renegar de la existencia de Dios.
Un día, después de las clases, al caminar Marcos desde la escuela hacia su casa, observó cuando un joven delante de él se tropezó, dejando caer libros, dos abrigos, un bate de pelota, guantes y una pequeña grabadora. Agachándose, Marcos ayudó al joven a recoger los artículos regados. Ya que iban en la misma dirección, también se llevó una parte de la carga.

