
Ella llegó cuando me deleité en la obra de Dios
Deléitate asimismo en Jehová, y El te concederá las peticiones de tu corazón Salmos 37:4 Yo cómo muchos cristianos anduve en busca de mi compañera, aquella con la que me complementaría en la obra del Señor. Más sin embargo, entre más le buscaba, menos la encontraba; entre más le recordaba a mi Señor que la pusiera en mi camino, más era la desesperación… hasta que comprendí que no había que buscarle, sino solo esperarle.






Muchas veces queremos ser como los bebés, o ser como el amanecer, pero si pensamos, que el bebé al llegar a este mundo, recibe infinidad de amor, dulzura, y varias cosas más, él, no las entiende ni las comprende, pero nos esmeramos en darle todo para su “felicidad”.
Algunas de las más grandes bendiciones que recibimos durante nuestra vida cristiana resultan de las buenas relaciones que tenemos con nuestros hermanos en Cristo.
Cantares 1: 15, 16 “He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; He aquí eres bella; tus ojos son como palomas. He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y dulce; Nuestro lecho es de flores”.

