
Dios cumplirá, tú has tu parte preparando tu corazón para ese momento.
¿Algunas vez has escuchado esa frase o se la has dicho a alguien?, es común escucharla en personas que “se creen” que están ya mayores y que según ellos ya se les está pasando el tiempo de que alguien especial llegue a sus vidas. Pero ¿Sera que el tren los está dejando?, ¿Sera que se quedaran a forrar Biblias por toda su vida?, ó ¿Habrá alguna oportunidad más para estas personas?









Muchas veces queremos ser como los bebés, o ser como el amanecer, pero si pensamos, que el bebé al llegar a este mundo, recibe infinidad de amor, dulzura, y varias cosas más, él, no las entiende ni las comprende, pero nos esmeramos en darle todo para su “felicidad”.
Algunas de las más grandes bendiciones que recibimos durante nuestra vida cristiana resultan de las buenas relaciones que tenemos con nuestros hermanos en Cristo.
Cantares 1: 15, 16 “He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; He aquí eres bella; tus ojos son como palomas. He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y dulce; Nuestro lecho es de flores”.
2 Corintios 6: 14 “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?”







