
Hace poco platicaba con una amiga acerca de la nueva etapa que le tocaba vivir. Ella me comentaba que se sentía indefensa y con mucho temor e incertidumbre acerca de su futuro. Ella padece de depresión crónica y de ataques de ansiedad, sí alguna vez has padecido esto, entonces sabes que el aro de fuego existe en la tierra.




La esperanza es una palabra que pertenece al vocabulario de todo creyente. La esperanza del cristiano no es un deseo angustiante por una vida despreocupada, sino algo que está activo y que no se ve amenazado incluso en lo peor de las pruebas de la vida. El apóstol Pedro sabía algo acerca de esta clase de esperanza.
Esta es una declaración simple pero contiene mucha verdad. ¿Cómo puedo decir eso? La prueba está a todo nuestro alrededor. Algunas veces nos olvidamos de mirar, o simplemente comenzamos a dar esas cosas por sentado.
Varios años atrás, un circo de televisión bien conocido desarrolló un acto que incluía tigres de bengala. El acto se hacía en vivo delante de una gran audiencia.
Quien como Dios para dar a tu Espíritu ese aliento, esas fuerzas, esas ganas de seguir adelante, esa fortaleza que tanto necesitamos para continuar sin desmayar en esos momentos que son difíciles en nuestra vida.
La Escritura pinta un panorama sombrío de la humanidad: está muerta en pecados, bajo la ira de Dios, y sujeta a la separación eterna de Él (Ef 2.1-3).
Proverbios 20:24 “De Jehová son los pasos del hombre; ¿Cómo, pues, entenderá el hombre su camino?”
Después de desobedecer, Adán y Eva se vieron en un problema terrible. Su primera reacción fue ocultar lo hecho, en vez de admitir su error.
“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”. Jeremías 29: 11
Se ha dicho que «la basura de una persona es el tesoro de otra». Cuando David trató de ayudar a sus padres a limpiar su casa de «artículos innecesarios» antes de que se mudaran a otra menor, encontró esta tarea muy difícil.






