¿Qué significa llevar la cruz?

cruzEl que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Lucas 14:27

Los discípulos comprendían el significado de las palabras de Jesús. Seguramente habían visto, o sabían, que los criminales eran ejecutados en una cruz. Sabían que llevar la cruz significaba una sola cosa: Era un viaje en una sola dirección; los hombres condenados a tan horrible suplicio jamás regresaron a sus hogares, y nadie volvió a verlos. En otras palabras, llevar la cruz era sinónimo de muerte.

El discípulo de Jesús que lleva la cruz muere a la vida antigua. El principio de la vida antigua era el yo. El principio de la nueva vida no es el yo, sino Cristo. Es una vida con el yo crucificado, una vida en la que la voluntad de Dios es suprema en cada cosa que se emprende. Es seguir a Cristo en su senda de negación propia.

Es aceptar el sufrimiento como parte de la vida.
Una vez aprendida y aceptada la aplicación de la cruz a la vida personal, queda resuelto el problema de la adopción de decisiones en la vida diaria. Ya no nos preguntamos: «¿Debo hacer esto?» o «¿Debo hacer aquello?» Mi deseo ya no está centrado en lo que quiero hacer, sino en lo que es bueno y perfectamente aceptable según la voluntad de Dios para mi vida. Llevar la cruz significa morir a las pasiones de la carne.

El viejo hombre ha muerto y ya no respondemos a su llamado; respondemos, más bien, a los impulsos del hombre nuevo. Nuestros afectos están puestos en las cosas de arriba. Llevar la cruz significa morir al programa del hombre viejo, que consistía en marchar al ritmo del mundo. Pero el programa del nuevo hombre ve al mundo de otra manera: ya no para buscar los deleites del pecado, sino a los pecadores perdidos.

La vida del discipulado no es fácil. «Cristo dice: “Dámelo todo. No deseo tanto tu tiempo, tu dinero o tu trabajo; te deseo a ti. No vengo a atormentar tu yo, vengo a matarlo. Ninguna cosa a medias o parte de algo es buena. No deseo cortar una rama aquí y otra allá. Deseo tener el árbol completo derribado en el suelo. No deseo taladrar el diente, sino extraerlo de raíz. Deseo la entrega completa del yo natural, de los deseos que tú consideras inocentes como de aquellos que consideras malos”» (C. S. Lewis).

El discipulado lo requiere todo. No hay excepción. Nadie llega jamás a ser discípulo de Cristo y vive una vida fácil a la vez. Jamás se encontrará un verdadero discípulo de Cristo viviendo cómodamente la vida, sino preocupado por el cumplimiento de la misión.

Juan O. Perla

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