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Un devocional cada dia

En realidad las religiones no son tan numerosas como se cree. Si las despojamos de sus ornamentos culturales muy variados (y a veces suntuosos), aparecen tres grandes clases: el politeísmo, el panteísmo y el monoteísmo.

Los seguidores del politeísmo adoran a muchos dioses.
El panteísmo es una filosofía según la cual todo lo que existe se identifica con Dios. Sus seguidores divinizan la naturaleza y reemplazan al Creador por lo que él creó. Ejemplo: el sol era el dios Ra para los antiguos egipcios.

Y hoy día, el que sólo cree en la Ciencia, en realidad atribuye el lugar de Dios a la materia y a las leyes científicas.

De hecho, es negar el testimonio que la creación da del Dios único: “las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas” (Romanos 1:20).
El monoteísmo reconoce la existencia de un único Dios, quien es una persona y no una influencia ni una simple potencia. En la antigüedad, el monoteísmo sólo fue atestiguado por los hebreos. La Biblia revela al Dios que creó todo y ante quien los hombres son responsables.
Volvamos, pues, a ella, la única revelación que el Dios único ha dado de sí mismo, primero por medio de los profetas y luego por Jesucristo, su Hijo unigénito. Confiemos en el único Dios que ella revela.
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)