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Un devocional cada dia

Cuando tomaste tu destino habías orado y comprendido que el Señor te guiaba. Pero ahora, en medio del mar proceloso de la vida, el viento te es contrario. Hoy sales a la calle con una preocupación angustiosa de ánimo.

Tal vez temes correr un riesgo o recibir un daño. ¿Podría ser tu matrimonio? ¿Tu trabajo? ¿Tu negocio? ¿Tu ministerio? El viento borrascoso no cesa. Ya temes hundirte con la nave de tu vida. De repente reflexionas y ves que lo que se acerca es algo peor. Sea real o imaginario, le tienes miedo.

¿Es un fantasma? ¿Es un espectro? ¿¡Es el mismo diablo!? ¿Vas a dar voces de miedo? En la Biblia leemos “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. Ya os lo he dicho antes.

Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24: 24-27). Permíteme una palabra: Puesto que Jesús te envió por ese camino, Él ora por ti; Él va a venir en la hora más oscura de la noche (la cuarta vigilia). Detente un momento.

Ahí está. Óyelo: “¡Ten ánimo, yo soy, no temas!” En medio de la tempestad, el destino que Jesús te indicó está por encima de todas las consideraciones. Tú no temes, tienes buen ánimo, porque es Jesús.

“Pero enseguida Jesús les habló diciendo: ¡Tened ánimo, yo soy, no temáis!” Mateo 24.27

La hora más oscura de la noche es la de antes de amanecer

Francisco Liévano