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Un devocional cada dia

El Orgullo es un sentimiento ambiguo y engañoso, si bien puede usarse para expresar la virtud de una persona u otra cosa, lo que siempre revela en el fondo es un exceso de estimación propia, vanidad, y hasta arrogancia.

En ocasiones si corregimos a alguien es común decir que se le “hirió su orgullo”. Mas eso solo sería si su autoestima está sobrevalorada, pues el humilde acepta de buena gana la corrección.

Si por uno u otro motivo le decimos a un hijo: -Estoy muy orgulloso de ti. Aparte de exaltar el mérito que él tiene, ¿no nos estaremos sobreestimando por el hecho de que sus logros son debido a la educación que le brindamos y el apoyo que le dimos?¿acaso no nos estamos poniendo como coautores de su éxito? Lo que el orgulloso hace es atribuirse algo de grandeza para si, y esto no es otra cosa que pecar contra Dios al tratar de tomar parte de Su gloria. El orgulloso no es bien visto por Dios, la Biblia también dice que las almas que se enorgullecen no son rectas.

En lugar de llenarnos de orgullo por esto o por aquello, lo que deberíamos es sentir satisfacción y estar agradecidos de Dios por cómo ha obrado en nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestros países, y en todo. Antes que sentir orgullo, los que si debemos es estar confiados que Dios está dirigiendo todos, absolutamente todos nuestros asuntos. Esa es nuestra fe y por ella vivimos.

Lectura: Habacuc 2:4-5

Habacuc 2:4 “Aquel cuya alma no es recta se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá” 

El Orgullo se esponja y no le da cabida a ningún otro sentimiento

Hernan Díaz Castro